¿Leer mucho causa Alzheimer, como asegura congresista peruano?

Un congresista peruano acaba de hacer noticia y no por una ley impulsada o por su desempeño en alguna comisión del Legislativo de ese país. Bienvenido Ramírez, médico de profesión y legislador del partido fujimorista Fuerza Popular (a la sazón, la bancada mayoritaria en el parlamento) ha dicho en una sesión de la Comisión de Educación que “existe una enfermedad que se llama síndrome de Alzheimer [sic]. El síndrome de Alzheimer se da en aquellas personas que estudiaron mucho y que leyeron mucho”.

La comentada intervención de este profesional de la salud se dio en el marco de un debate sobre el tope de edad para la docencia universitaria en el país altiplánico. “Quizá el síndrome de Alzheimer lo tengamos a los 60 o a los 70 años, pero va a llegar en algún momento. Eso está comprobado científicamente, lo dice la literatura médica”, continuó entre las risas, causadas involuntariamente, de algunos de sus colegas en la sala.

Si bien la ciencia aún no logra comprender cuál es la combinación exacta de factores que termina desencadenando la aparición de la enfermedad de Alzheimer —enfermedad, no síndrome— instituciones como la prestigiada clínica Mayo y el Instituto Nacional del Envejecimiento estadounidense coinciden en señalar que es causada por una combinación de factores genéticos, de estilo de vida y ambientales que afectan al cerebro con el tiempo.

Menos del 5% de casos es causado por cambios genéticos específicos que prácticamente garantizan que una persona desarrollará la enfermedad. Se trata de cambios permanentes en un gen que puede transmitirse a los niños, pero estos están asociados con los casos de aparición temprana de la enfermedad (entre los 30 y 60 años). Estos casos se asocian con mutaciones en los genes de los cromosomas 21, 14 y 1.

Por otro lado, en los casos de aparición de la enfermedad ya en la tercera edad (a partir de los 60 años), la ciencia no ha encontrado un gen específico que los cause directamente. Sin embargo, existe un factor de riesgo genético: tener una forma del gen de la apolipoproteína E (APOE) en el cromosoma 19 aumenta el riesgo de una persona.

Un análisis de sangre puede identificar qué alelos APOE tiene una persona, pero los resultados no pueden predecir quién desarrollará o no la enfermedad; de hecho, es poco probable que las pruebas genéticas puedan adelantar un resultado 100% preciso porque otros diversos factores pueden influir en el desarrollo y progresión del mal. Con lo cual, aquello de que “va a llegar en algún momento. Eso está comprobado científicamente, lo dice la literatura médica” levanta suspicacias sobre las fuentes del congresista. No hay factores que garanticen la enfermedad porque tampoco está claro cuáles son todos los que la generan.

Más aun: la actividad intelectual, la gimnasia cognitiva, la lectura, en pocas palabras, pueden combatir los síntomas y prevenir la aparición de la enfermedad. En general, las actividades intelectualmente estimulantes, según muestran estudios: escuchar la radio, leer periódicos, jugar juegos de rompecabezas y visitar museos.

Un estudio observacional realizado en 2002 por el Rush Alzheimer's Disease Center y el Rush-Presbyterian-St. Luke's Medical Center en Chicago pidió a más de 700 monjas, sacerdotes y religiosos mayores que describieran la cantidad de tiempo que pasaron haciendo estas actividades. Después de 4 años, el riesgo de desarrollar la enfermedad de Alzheimer era 47% más baja, en promedio, para los que realizaban más a menudo estas actividades.

Al tratarse de una forma de demencia, el Alzheimer tiene como efecto el daño cerebral. Se trata de un mal incurable y degenerativo que termina minando una a una las capacidades de nuestro cerebro. El síntoma más claro empieza siendo la pérdida gradual de memoria, pero la afasia, la dificultad para aprender nuevas cosas, las alucinaciones y los cuadros de paranoia son expresiones más avanzadas; las dificultades para comer y controlar los esfínteres son algunas de las manifestaciones del estadio final de la enfermedad.

Esto se da en el cerebro porque unos 10 años antes de que se manifieste, el mal empieza a desencadenar una serie de procesos tóxicos en el órgano. Se dan depósitos anormales de proteínas que forman placas amiloides y enredos tau en todo el cerebro, y una vez que las neuronas sanas dejan de funcionar, pierden conexiones con otras neuronas y mueren.  

Una investigación de 2015, publicada en la revista Neurology y realizada por el Hospital General de Massachusetts y la Escuela de Medicina de Harvard, arrojó que las personas con niveles más altos de estimulación intelectual a lo largo de sus vidas no exhiben niveles más bajos de placas de proteínas y otros signos de Alzheimer en comparación con los que no lo hacen. El trabajo también probó que mantenerse mental y socialmente activos puede hacer retroceder la aparición de problemas de memoria y otros síntomas de la enfermedad de Alzheimer.

Por ello, un cerebro fortalecido, acostumbrado a la exigencia intelectual, cognitiva, podrá resistir mejor la ocurrencia de estos procesos. Esto se logra, por ejemplo, revisando literatura médica, precisa y actualizada.

Hans Huerto

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