Queda al descubierto el culpable del reducido tamaño de Marte

La mayoría de proyecciones astronómicas arroja que Marte, nuestro vecino en el sistema solar, tiene tan solo 53% de masa que la Tierra. De hecho, es solo más grande que Mercurio. Y palidece ante el gigante gaseoso Júpiter, el mayor del barrio con 317,8 veces la masa de nuestro planeta. Precisamente nuestro vecino, Marte, pueda ir a pedirle explicaciones a Júpiter sobre por qué acabó tan reducido.

La gravedad de Júpiter sería el factor que afectó su crecimiento, cuando aún estaba en formación, según una investigación de la Universidad de Utah, que publica The Astrophysical Journal. Este postulado corresponde a una ya vieja teoría que hoy resurge con nuevas evidencias y señala que el gas sobrante de la formación de Júpiter se metió entre las rocas que finalmente construyeron Marte, causando su desmoronamiento y evitando su aglutinamiento.

Los gigantes gaseosos como Júpiter (se suman Saturno, Urano y Neptuno) se formaron acumulando gas del disco protoplanetario que rodeaba al Sol en su juventud. A medida que crecían, su gravedad empezó a tener más impacto que el disco remanente en los planetas rocosos todavía en formación.

La gravedad del disco empujó los ejes de rotación de los protoplanetas en una dirección, pero la gravedad de Júpiter vino desde la dirección opuesta, empujando en sentido contrario. Cuando esas fuerzas se equilibraron de cierta manera, los protoplanetas sintieron un empellón de la gravedad de Júpiter en el mismo punto en su órbita alrededor del Sol, un efecto conocido como resonancia de barrido.

"Antes del empujón gravitacional, las colisiones entre materiales sólidos [que acabaron formando los planetas] ocurrieron a baja velocidad, por lo que se fusionaron", dice Scott Kenyon en el Centro Harvard-Smithsonian de Astrofísica. "Después del envión, los choques se dieron a alta velocidad, por lo que los objetos colisionando se fragmentaron [en vez de unirse]".

Un grupo de investigadores de la Universidad de California en Santa Cruz propuso este escenario hace más de una década. Kenyon y Ben Bromley lo han revivido.

La teoría podría aplicarse también en otros sistemas solares, lo que sugiere que los cinturones de asteroides —formados con los restos despedidos por los planetas en sus procesos de formación— podrían ser comunes dondequiera que haya planetas masivos.

Hans Huerto

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