¿Será el semen la nueva una arma para combatir el cáncer ginecológico?

Un equipo de científicos del Instituto de Nanociencia Integrativa, en Alemania, creó un original sistema de “envío” de medicamentos hacia un tumor a través del organismo usando el esperma. Este nuevo enfoque está diseñado específicamente para enfermedades del aparato reproductor femenino como el cáncer ginecológico, la endometriosis, enfermedades inflamatorias pélvicas y otras relacionadas al cuello uterino, ovario, útero, vagina y vulva. La versión pre-impresa del trabajo se puede ver en el sitio arXiv.org.

La búsqueda de un óptimo envío del medicamento al tejido canceroso es uno de los grandes retos en la medicina actualmente. Los problemas “de envío” son varios. Muchas veces, los químicos se disuelven en los fluidos corporales o son absorbidos por otros órganos. Y aun cuando estos alcanzan su objetivo, no siempre pueden penetrar fácilmente los tejidos. En consecuencia, es necesario un nuevo y mejor método de entrega para lidiar efectivamente contra estos males.

En ese contexto, el equipo de Mariana Medina-Sánchez ha propuesto un método aparentemente sencillo, aunque ingenioso. En primer lugar, se remoja el esperma en el medicamento activo. Esto permite que las células del esperma absorban grandes dosis de la nueva sustancia. Luego, los científicos “despachan” al esperma poniéndolos a nadar en una suerte de arnés mecánico –una microestructura mecanizada autoajustable que se adjunta a la cabeza del espermatozoide. El arnés está recubierto en hierro, lo que permite al esperma ser dirigido por un campo magnético externo manipulado desde fuera.

El arnés tiene también un mecanismo rápido para “liberarse” del esperma. Cuando el dispositivo llega a su objetivo, la colisión ocasiona que el arnés deje de sujetarse en el esperma que, a su vez, se desliza hacia afuera libremente. La idea es que esto ocurra cuando el esperma alcanza el tumor, momento en el que se inserta en el tejido y en las células cancerígenas mismas.

Medina-Sánchez probó el mecanismo en su laboratorio usando esperma de toro, al ser este similar en tamaño al esperma humano. Cargaron el esperma con Doxorubicina (fármaco usado en la quimioterapia) y luego adjuntaron la sustancia a los referidos arneses. Usaron, para las pruebas, un modelo de cáncer estándar (células y esferoides HeLa) que simulaba los tumores. El resultado fue interesante: se halló que los arneses disminuían la velocidad del esperma en un 43%; sin embargo, aun así consiguió ingresar a las células cancerosas y matarlas desde dentro. 

Se trata de un resultado asombroso, y más ventajoso que el uso de bacterias para el envío de medicamentos –estas podrían disparar reacciones del sistema inmune. A diferencia de las bacterias, además, el esperma no se prolifera ni forma colonias que ocasionarían otro tipo de problemas. Otra ventaja del esperma es que protegen a la droga de las enzimas que puedan degradarla, y estos no vierten su carga inesperadamente (lo que si ocurre con el medicamento llevado en jaulas moleculares llamadas micelas).

El método también genera importantes preguntas relacionadas al entendimiento, por ejemplo, de cómo el organismo lidia con los arneses de hierro una vez hecha la tarea del envío, si es que las expulsa o degrada. También está en cuestión el método de control de la cantidad del medicamento y cómo se calibrará el mismo. Un tercer punto es que el mecanismo se deberá probar con esperma humano: aun falta determinar quienes están aptos para hacerlo y qué de la posibilidad de embarazo que surgiría a partir del uso del método.

De resolver las dudas, sería una alternativa con gran potencial en el campo de la oncología. Todos los años, 100.000 mujeres en los Estados Unidos son diagnosticadas de cáncer ginecológico.

 

Daniel Meza
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