La ciencia está cada vez más cerca de reproducir los “olores” del pasado

Choosing, George Frederic Watts, 1866/ National Portrait Gallery

Investigadores del Institute for Sustainable Heritage, del University College London, han desarrollado un método de conservación y reproducción de olores. Como parte del estudio, se creó una “rueda de olores” de libros históricos, que en el futuro permitirá reproducir el olor de cualquiera de los papeles antiguos de la biblioteca de la Catedral de San Pablo (St Paul's Cathedral) en Londres. El artículo de la investigación fue publicado en Heritage Science.

Los olores juegan un rol importante en la vida diaria y los recuerdos. Estos afectan el sistema límbico, que se encarga de las emociones y la memoria. Recordar el aroma de un objeto enriquece el conocimiento que se tiene sobre este y permite interactuar de manera emocional con nuestra historia. Existen ciertos olores que han marcado a generaciones enteras. Por ejemplo, los británicos nacidos antes de 1930 demuestran una relación positiva con los olores de la naturaleza. Por su parte, el olor de la plastilina Playdough despierta la nostalgia entre los nacidos después de 1960. Sin embargo, no ha habido un estudio sistemático sobre la percepción de los olores del pasado. 

El nuevo estudio busca resolver esta problemática. Así, se seleccionó el aroma de diversos papeles históricos para el experimento sobre la conservación de olores. Para documentarlos, los investigadores pidieron a los visitantes de la biblioteca de la catedral describir el olor que perciben entre sus libros. 

El 100% de las respuestas señaló la palabra “madera” en su respuesta. Le siguieron, “ahumado” con 86%, “terroso” con 71% y “vainilla” con 41%. La intensidad de los olores también fue tomada en consideración. Para más del 70% de participantes, estos olores resultaron agradables, el 14% señaló que eran medianamente agradables y el 14% los señaló como neutrales. 

En el siguiente experimento, los investigadores presentaron a los visitantes de la Birmingham Museum and Art Gallery, el olor de un libro de 1928 para su descripción olfativa. Los términos más comunes para describir su aroma fueron “cacao” o “chocolate”, seguido por “café”, “viejo”, “amaderado” y “quemado”. También fueron mencionados los olores a pescado, cuerpo, medias sucias y bolas de naftalina. 

Nube de palabras que describen a los libros viejos. 
Cecilia Bembibre and Matija Strlič, 2017/ Heritage Science

Para identificar, proteger y mantener los olores, los investigadores condujeron un análisis químico de las sustancias orgánicas volátiles (VOCS, por sus siglas en inglés) de los libros de la biblioteca de la catedral. Los VOCS son sustancias que se evaporan a bajas temperaturas, muchas de las cuales pueden percibirse como sabores. 

La “rueda de olores” de libros históricos se creó precisamente a partir de la combinación de los resultados del VOCS y las respuestas de los participantes. 

“Rueda de olores” de libros históricos. 
Cecilia Bembibre and Matija Strlič, 2017/ Heritage Science

Los autores creen que este método de identificación y conservación de olores puede complementarse con una reconstrucción de olores dentro de los museos para hacer los espacios más realistas y crear una conexión personal del visitante con la exposición. Asimismo, la “rueda de olores” puede ser utilizada en calidad de instrumento de diagnóstico en los archivos de un museo, para identificar procesos de descomposición que no son perceptibles a simple vista. 

Isabel Vlasova
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