Lesiones en lobo terrible y tigre dientes de sable revelan que la pasaban mal al cazar

Game of Thrones / HBO

Un equipo de paleobiólogos estadounidenses ha descubierto cómo cazaban los grandes carnívoros del Pleistoceno: el tigre dientes de sable (Smilodon fatalis) y el lobo terrible (Canis dirus), ambos extintos cerca de 10 mil años atrás. Sus diferentes métodos de cacería ha podido deducirse gracias al estudio de las lesiones que se encuentran en sus huesos. Los resultados de la investigación fueron publicados en Nature Ecology & Evolution.

Ambas especies, a diferencia de otros depredadores, estuvieron expuestas a mayor peligro por cazar animales de igual o mayor tamaño que ellas. Así, los antiguos felinos tendían una emboscada, atrapaban a sus presas con sus patas delanteras y las obligaban a mantenerse echadas para luego matarlas con unas cuantas mordidas. Por su parte, los lobos terribles, al igual que sus parientes vivos, perseguían a su presa y las mordían hasta la muerte. 

Los científicos creen que estos animales tenían su propio método de cacería. El C.dirus cazaba en manada y, al igual que su pariente, el lobo gris, perseguía y agotaba a su presa, hasta finalmente, alcanzarla y matarla. Al tigre dientes de sable no le queda ningún pariente vivo cercano, por lo que los científicos asumen que, al igual que los tigres contemporáneos, cazaba por su cuenta tendiendo emboscadas. El felino asediaba a su víctima, se abalanzaba sobre ella, la atrapaba con las patas delanteras y realizaba uno o varios cortes con los dientes incisivos para matarla. 

Estos animales habitaron el norte y sur del continente americano y competían entre si por las presas. Cada uno de los métodos de caza que utilizaron debía dejar diferentes tipos de lesiones como consecuencia de sus distintos métodos de caza y los de defensa de parte de sus víctimas. Así, los científicos asumieron que las lesiones en los huesos del tigre dientes de sable se concentrarían en los hombros, pecho y espalda. Por otro lado, en los lobos, en sus extremidades. Los animales ungulados (con pezuñas) que ellos cazaron podían defenderse dando patadas, por lo que los lobos habrían estado más propensos a recibir golpes en la cabeza por su método de cacería, por ejemplo, y en las extremidades, al quedar a menudo colgados de sus presas y ser arrastrados por ellas un trecho, hasta su agotamiento.

Tigre dientes de sable Smilodon fatalis y lobo terrible Canis dirus se “pelean” por una presa en el pozo de brea Rancho La Brea. 
Robert Bruce Horsfall, 1911 / A history of land mammals in the western hemisphere

Sobre la base de una colección de más de 1.900 elementos patológicos, se calculó la frecuencia de lesión traumática a través de elementos esqueléticos en estas dos especies. La frecuencia del traumatismo en el tigre de diente de sable excede a la del lobo terrible (4.3% comparado con 2.8%), implicando que el comportamiento de caza del S. fatalis implicó un mayor riesgo de lesión. La distribución de lesiones traumáticas también difería entre las dos especies. El S. fatalis resultó herido más a menudo de lo esperado en las vértebras lumbares y los hombros mientras que el C. dirus tenía niveles de lesión más altos de lo esperado en las extremidades y las vértebras cervicales, tal y como lo predijeron los científicos.

En un estudio previo, un equipo de científicos españoles creó un método de análisis de huesos que permite deducir cómo atacaron los depredadores a los antiguos homínidos. Gracias a este método, se pudo reconstruir las consecuencias de un encuentro fatal entre Neandertales y depredadores.  

Catalina Rusakova

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