La Antártida tiene más ríos y lagos producto del deshielo

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) advirtió hace un mes que el clima extremo que se observó el año pasado —cada mes del primer semestre estableció un récord como el más caluroso en el registro de temperatura moderno, que data de 1880, según la NASA— continuará en el mediano plazo. Por ello, ahora no sorprende que en la Antártida observadores científicos hayan registrado redes de ríos y lagos nacidos a partir de las aguas de deshielo, de acuerdo con una investigación publicada por la revista Nature.

La compleja red fluye con agua de fusión en muchas partes de la Antártida durante la breve temporada de verano del continente helado, que va de diciembre a febrero. Si bien en invierno la temperatura promedio alcanza los -60°, en verano esta no debería subir por encima de -34°. No obstante, la tendencia sostenida al alza de la temperatura del planeta por el calentamiento global ha llevado a que se registren temperaturas de hasta 17,5° en las partes más cálidas del continente durante el verano de 2015, magnificando el proceso natural de deshielo.

Era sabido por la ciencia que en estas regiones precisamente había lagos y arroyos. Estas corrientes de agua han estado entrecruzando el continente durante décadas, produciéndose como parte del ciclo natural del agua en la zona, y los científicos las han clasificado sistemáticamente durante años.

Los recientes descubrimientos revelan redes de agua de deshielo mucho más vastas y extensas de lo estimado, con ríos que incluso se extienden por 120 km a lo largo de la barrera de hielo Amery (una formación helada en el sudeste de la Antártida de 62.000 km cuadrados).

El autor principal del estudio, Jonathan Kingslake y su equipo, analizaron las fotos de agua de superficie capturadas de aviones militares desde 1947, así como las imágenes de satélite posteriores a 1973.

Los investigadores descubrieron una red estacional de 700 estanques, piscinas, ríos, arroyos trenzados y canales bordeando los lados de la Antártida, que nacen de aguas de deshielo a unos 600 km del Polo Sur, a 1.310 metros sobre el nivel del mar, por lo que se creía improbable anteriormente que el agua fluyera en la zona.

Asimismo, los drenajes de aguas que alimentan estas formaciones fueron descubiertos cerca de las montañas que se alzan en medio de glaciares y en lugares donde los vientos fuertes han expuesto a la superficie el hielo azulado subyacente, más propenso a absorber la luz solar y, por lo tanto, a fundirse más fácilmente.

Se teme que estos sistemas de agua causen el colapso de las plataformas de hielo que rodean tres cuartas partes del continente y evitan que los glaciares del interior del continente se liberen en el agua del océano.

Las grietas que se registran en varias partes de las diferentes plataformas de hielo en la Antártida son acaso un aviso de la catástrofe en ciernes. De acuerdo con las investigaciones preliminares de estas fisuras, las masas de agua a mayor temperatura que llegan a la zona, erosionan por debajo a la plataformas heladas, causando que se agrieten no desde sus costados —como ocurre tradicionalmente, producto de la erosión del océano— sino más desde sus centros, aumentando la probabilidad de fraccionamientos masivos.

Hans Huerto

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