Se revela la extraña enfermedad que cambió la obra del pintor Francisco Goya

Producidos entre 1797 y 1799, Los Caprichos son una serie de grabados realizados por el pintor Francisco Goya que suponen un experimento en su carrera. Se trata de postales cotidianas de la sociedad española —estaba acostumbrado a retratarla, incluso fue el primer pintor de la corte— que revelan algún aspecto oscuro o criticable de los hábitos y usos de la comunidad. Entre estos, El sueño de la razón produce monstruos es uno de los grabados más celebrados del pintor.

Un par de años antes, Goya había caído enfermo crónicamente de un mal al que se le atribuye no solo la sordera que lo acompañó hasta su muerte sino también alucinaciones, parálisis, dolores y un giro hacia temas más sórdidos en sus obras. No obstante, no hay un consenso sólido con respecto a qué mal lo afectó. Hoy Ronna Hertzano, una especialista en audición de la Universidad de Maryland, sugiere que se habría tratado de una rara enfermedad autoinmune, y lo afirma sobre la base de los síntomas registrados por el pintor en una serie de documentos biográficos. Cada año, la Conferencia de Historia Clinicopatológica desafía a un médico en el diagnóstico de dolencias de famosos pacientes ya fallecidos, cuyas identidades no les son reveladas inicialmente. Hertzano presentará sus conclusiones en el evento esta semana, en Maryland, EE.UU., según reporta New Scientist.

El misterioso mal aquejó al maestro aragonés en el otoño de 1792, cuando tenía 46 años. Los médicos describieron el mal como cólico, aunque al invierno siguiente, Goya había quedado postrado en cama, para recuperarse recién a los dos años, quedando sordo.

Las cartas de amigos muestran que Goya en los años previos se quejaba de zumbidos en el oído, dificultades para ver y mantener el equilibrio y fuertes dolores de cabeza. Mientras estuvo en cama, tuvo alucinaciones y parálisis episódica. En 1975, escribió a la Real Academia de San Fernando diciendo que ya no podría enseñar allí porque ya no podía escuchar lo que decían, dice Janis Tomlinson, historiadora de arte de la Universidad de Delaware.

Debido a que Goya perdió la audición en ambos oídos, Hertzano dice que lo más probable es que la enfermedad se haya propagado a estos desde el cerebro, aunque descartó que se trate de infecciones como la meningitis o la sífilis, esta última porque el pintor no mostró otros síntomas asociados a la misma.

Y aunque largamente se ha atribuido el mal al uso de pinturas de alto contenido de plomo que empleaba Goya, pues la intoxicación por plomo puede causar "cólicos" y sordera, Hertzano ha descartado el envenenamiento porque el artista se recuperó de todos los síntomas del mal, exceptuando la sordera.

Hertzano sospecha que una rara enfermedad autoinmune llamada síndrome de Susac, que se caracteriza por alucinaciones, parálisis y pérdida de la audición, atacó a Goya. Su ciclo natural es de uno a tres años, durante los cuales ataca los revestimientos de los vasos sanguíneos, causando inflamaciones en el cerebro que se traducen en dolores de cabeza y alucinaciones. La afectación del flujo sanguíneo en esta parte del cuerpo puede dañar los ojos y los oídos, y con ello la vista y la audición.

En la actualidad, el síndrome se trata con fármacos de modulación inmune. Aun así, se corre el riesgo de acabar con ceguera o sordera, aunque esta última, señala Hertzano, hubiera podido ser superada hoy por Goya con un implante coclear, un procedimiento quirúrgico sencillo.

Hans Huerto

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