“Cabellos de Venus”: una nueva forma de vida fue hallada en condiciones imposibles

Microfotografía de la bacteria Thiolava veneris.
Roberto Danovaro

Biólogos españoles e italianos han descubierto una nueva especie de bacteria “peluda” llamada Thiolava veneris. Este microorganismo ha sido el primero en habitar el suelo del océano después de la reciente erupción de un volcán submarino. El artículo ha sido publicado en Nature Ecology & Evolution.

La erupción del volcán submarino Tagoro, ubicado en el Océano Atlántico, cerca de las costas de las Islas Canarias, empezó en octubre de 2011 y se prolongó por más de cuatro meses. La erupción formó un cono de una altura de 300 m por sobre el suelo marino. El agua turbia y de temperatura elevada, además de la emisión de gases volcánicos, particularmente, dióxido de carbono y ácido sulfhídrico, reducen la concentración de oxígeno en el agua, causando la muerte de peces, fitoplancton y una alteración general de los procesos bioquímicos del medio. 

Dos años y medio después de la erupción, los científicos investigaron el suelo marino alrededor del volcán con la ayuda de un vehículo submarino controlado a distancia. Así, no muy lejos de la cúspide del cono volcánico, a una profundidad de 130 m, se descubrió una “alfombra” de “pelaje” blanco que cubre un área de 2000 m2

Visto de cerca, el “pelaje” resultó ser una bacteria hasta ahora desconocida por la ciencia. Este organismo forma una estructura hilada de hasta 3 cm de largo que, bajo un espectroscopio de rayos X de energía dispersiva, se observa que contiene sulfuro. El análisis de ADN también reveló que el organismo pertenece al grupo de bacterias reductoras de azufre, es decir, que obtiene su energía al oxidar sulfuro de hidrógeno y otros compuestos de sulfuro con sulfato.

“Cabellos de Venus”, como bautizaron los científicos a las vellosidades de la bacteria. 
R. Danovaro et al. / Nature Ecology&Evolution

De acuerdo a los investigadores, la presencia de bacterias “peludas” crea un ambiente favorable para la restauración del ecosistema marino después de una erupción. De este modo, se forma una “alfombra” adicional de crustáceos microscópicos, artrópodos, gusanos anélidos, y nematodos. El director del proyecto, Roberto Danovaro, de la Universidad Politécnica de Marche, en Italia, afirma que la presencia de las vellosidades permite hacernos una idea de cómo era la vida en los antiguos océanos, en tiempos donde las erupciones volcánicas submarinas eran muy frecuentes. 

Este caso no es el primero en el que se descubren bacterias que habitan medios saturados de compuestos sulfurados. Recientemente, un equipo de Ohio State University estudió a un tipo de bacteria que habita en los depósitos de lutita bituminosa (un tipo de fuente de petróleo) a 2.5 km de profundidad. 

Catalina Rusakova
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