Los peligros de Neuralink, el plan para conectar nuestros cerebros a la nube

Pixabay.

Neuralink es la nueva iniciativa de Elon Musk para conectar tu cerebro a la inteligencia artificial. Este magnate, creador de empresas como Tesla o SpaceX, registró recientemente en California esta nueva compañía, cuyo objetivo es desarrollar la tecnología necesaria para crear conexiones directas entre un ordenador y el cerebro humano.

Por lo pronto, se define como una compañía de investigación médica y sus prototipos serán muy probablemente implantes cerebrales que traten enfermedades como la epilepsia, el Parkinson o la depresión. Musk, en tanto, considera que la unión de cerebros y computadoras estaría a solo 4 o 5 años.

Pero, más allá de las nobles intenciones del empresario sudafricano, un mundo en el que las máquinas y los cerebros estén íntimamente conectados, es el escenario perfecto de cualquier distopía futurista. Si Neuralink alcanzara su objetivo, es difícil predecir sus consecuencias y el resultado sería una "interfaz de todo el cerebro" tan completa, sin fricción, bio-compatible y poderosa que se sentiría a los usuarios como sólo otra parte de su corteza cerebral, límbica y sistemas nerviosos centrales.

Los peligros son muchos y algunos son evidentes y hay que tenerlos en cuenta desde ahora. Al menos así lo ve y lo contó a The Conversation, Christopher Markou, doctorando de la Facultad de Derecho de la Universidad de Cambridge (Inglaterra), que señaló los tres riesgos potenciales de Neuralink:

Cirugía invasiva con propósitos no médicos

Quizá la que más miedo inspira en un momento. Aunque podamos imaginar este dispositivo como una especie de gorro de quita y pon, requiere cirugía. Markou asegura que Neuralink no es como poner un implante en la cabeza diseñado para manejar ataques epilépticos, o un marcapasos para hacer funcionar el corazón: es un proceso de cirugía electiva en personas sanas, para propósitos no médicos. Y esto conlleva riesgos para la salud.

Según cuenta el experto, solo conoce una persona que haya hecho algo así: Phil Kennedy, un neurólogo estadounidense que pagó 30.000 dólares a un cirujano de Belice, América Central, para que le implantara unos electrodos en el cerebro, diseñados por él mismo para conectar su corteza motora con un ordenador. Aunque consigiuó algunos datos interesantes, tuvo que extraérselo debido al riesgo que entrañaba: era demasiado grande, y su cráneo nunca llegó a soldarse del todo. Desde entonces ha sufrido complicaciones que amenazan la vida. Aunque no es una condena a Neuralink, Markou no lo considera precisamente un respaldo.

Control mental de la población

En un sistema de comunicaciones existe la posibilidad de la regulación y el control. Para este experto, existe un escenario potencial en el que un número interminable de gobiernos, anunciantes, aseguradores y personal de marketing se aprovechen del núcleo biológico de nuestra cognición para usarlo como medio de control y para intentar venderte cosas. Y se pregunta: “¿Qué pasa si la tecnología se normaliza hasta tal punto que se convierte en obligatorio para las generaciones futuras tener un implante al nacer para combatir el comportamiento ilegal o inmoral (sea como sea que lo definan)?”. Parece una de las reflexiones filosóficas que acompañan a todo argumento de ciencia ficción, pero Markou considera importante que lo tengamos en cuenta desde el primer momento.

Seguridad y privacidad

También está la cuestión de la seguridad. “Si hemos aprendido una cosa de esta era de inteligente todo, es que inteligente significa explotable”, asegura con rotundidad. Hoy en día solo podemos imaginar vagamente las posibilidades que existen de hackear la mente humana cuando sus impulsos están conectadas a una máquina. Vamos a necesitar respuestas a preguntas que hasta ahora a nadie se le ha ocurrido preguntar (al menos no con bastante frecuencia, y por las razones correctas).

Sin embargo, si tenemos en cuenta los peligros a los que nos puede llevar esta nueva tecnología y los atajamos antes de implantarla en la sociedad, Markou no es del todo pesimista: “Neuralink es probablemente una mala idea, pero a la primera persona que cayó en una hoguera, también le pareció que el fuego lo era”.

 

Beatriz de Vera

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