La inestabilidad y desigualdad nos hace menos solidarios, confirma estudio

En las sociedades más desiguales, los grupos más fuertes luchan para no perder sus privilegios./ Hamish Clark

 

Investigadores de la Universidad de Aarhus (Noruega), la Universidad Victoria de Wellington (Nueva Zelanda) y la Universidad de Harvard (Estados Unidos) han llevado a cabo una investigación, publicada en la revista PNAS, sobre la asociación entre la desigualdad social, la inestabilidad social y política y los motivos psicológicos para dominar a otros grupos humanos con una muestra de 45.000 personas en 27 naciones.

Los resultados son claros: cuanto mayor es la desigualdad social y la inestabilidad, las comunidades tienden menos a la solidaridad y a la justicia social, y más a fomentar la jerarquía que proteja su estatus privilegiado. Es decir, que la desigualdad, tristemente, siempre lleva a más desigualdad. Normalmente, este blindaje social lleva a los grupos a utilizar medios violentos contra aquellos que se encuentran en una posición inferior. Con lo que la inestabilidad también se alimenta de sí misma y se hace más grande.

No son solo las clases más poderosas las que luchan por mantener su posición, toda situación que implique privilegios frente a otro grupo, ya sea acceso a recursos de territorio, alimentos, o cualquier otra ventaja, va a intentar mantenerse, solidificando las jerarquías de dominación, incluso entre los sectores menos prvilegiados.

Los investigadores compararon las respuestas de los participantes de la investigación, a los que se les instaba a declarar su apoyo al sistema de subordinación o a la igualdad entre grupos, con los macroindicadores socioeconómicos ofrecidos por la ONU, el Banco Mundial o Reporteros sin Fronteras. Concluyeron que cuanta mayor es la desigualdad social, mayor es la orientación media hacia la dominación social (SDO) entre los miembros mejor posicionados. Este factor es sistemáticamente más alto en países con mayor riesgo de conflictos violentos, ausencia de buen gobierno (corrupción y falta de Estado de derecho), menor satisfacción de las necesidades básicas de la población, menos acceso a la atención sanitaria y la educación, carencia de valores democráticos, prensa libre y con mayor desigualdad de género.

En la segunda parte del estudio, se realizó un experimento que consistía en pedirles a los voluntarios que imaginaran que el gobierno decide prohibir las organizaciones de inmigrantes. En este escenario, ¿informarían a la policía si se enteraran de alguna organización de inmigrantes?, ¿participarían activamente en la caza de estas personas?, ¿atacarían sus sedes y apoyarían el uso de la fuerza física y la ejecución de sus líderes?

Utilizando el Coeficiente de Gini, que mide el grado de desigualdad económica de los países, y el índice de paz de los Estados Unidos, indicador de la presencia de violencia en cada estado, observaron que existía una relación entre el grado de dominación psicológica que consideraban adecuado los ciudadanos con ciertos privilegios para con los migrantes y los índices de desigualdad económica y violencia en su lugar de origen.

Otro dato desesperanzador en cuanto a la desigualdad social lo apuntaba hace unas semanas la revista Mathematical Social Sciences. Según un estudio, los gobiernos corruptos se benefician de la lucha anticorrupción: las acciones coordinadas de la sociedad y las ONG, según esta teoría, aumentan la producción, y de un modo indirecto, la rentabilidad de los gobiernos fraudulentos.

Beatriz de Vera

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