Este exoesqueleto previene las caídas en los ancianos

Científicos de la Escuela de Sant'Anna de Estudios Avanzados en Pisa, Italia, y el Instituto Federal Suizo de Tecnología en Lausana, Suiza, han desarrollado el prototipo de un dispositivo capaz de detectar un deslizamiento en el desplazamiento de una persona y ayudarla a evitar la caída. El dispositivo, del cual se da cuenta en un artículo publicado por Scientific Reports, consta de exoesqueletos motorizados para las piernas con articulaciones. A diferencia de otros dispositivos similares —voluminosos y lentos— que asisten en todo momento, incluso cuando no es necesario, a los usuarios al dar cada paso, la nueva ortesis de Pelvis Activa (APO por su sigla en inglés) cumple su función cuando es requerida, sin complicar el desplazamiento de su beneficiario.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, las caídas son la segunda causa de muertes accidentales en el mundo, cobrando 424.000 víctimas anuales, 80% de las mismas en países de ingresos medios y bajos. Según el organismo, los adultos mayores de 65 años sufren la mayoría de caídas fatales. Tan solo en los Estados Unidos, el 20–30% de adultos mayores que sufren caídas reciben lesiones moderadas a severas que incluyen magulladuras, fracturas de cadera o traumas encefálicos.

El nuevo aparato ayuda a prevenir las caídas y podría ayudar en una recuperación más segura a quienes perdieron la capacidad de caminar normalmente.

Consiste en una abrazadera sujeta a la cintura que sostiene motores en las caderas que mueven ligeros enlaces de fibra de carbono conectados a los tirantes del muslo. Su funcionamiento emplea un algoritmo que monitorea el movimiento de las piernas y así detecta cuando este deja de ser un desplazamiento normal de marcha y la inminencia del deslizamiento. Es entonces que los motores aplican fuerza para ayudar a las piernas a contrarrestar el resbalón. El dispositivo no reemplaza completamente los reflejos de un usuario: amplifica su fuerza de pierna en un 20% o 30%.

El equipo ha sido probado en ocho adultos mayores y dos personas amputadas por encima de la rodilla (llevaban piernas protésicas). Los sujetos se desplazaron en una caminadora, personalizada dividida en dos para simular las situaciones que propician caídas. Así, la mitad derecha o izquierda de la faja se sacudiría hacia adelante, como cuando un pie se resbala en el piso. Bajo estas condiciones, se probó el funcionamiento del aparato, aunque también se observaron los movimientos de los participantes portando el dispositivo apagado en algunos casos y cómo se movían quienes no lo llevaban puesto, sometidos a estas condiciones.

Todos los movimientos fueron registrados con cámaras para el análisis del comportamiento de las extremidades y las partes del dispositivo, que revelaron que el APO respondió un tercio de segundo después de iniciado el resbalón o el tropiezo, corrigiendo el paso de una persona durante un cuarto de segundo. Asimismo, la observación de los movimientos reveló que los participantes habrían caído sin la ayuda del arnés, que pesa unos 5 kilogramos. Este, además, no mostró tener efecto alguno sobre la marcha regular de quienes los usaron.

¿Cómo se usa? Una vez que el usuario se puso las correas, debe ingresar su peso en el sistema y dar tres pasos, para que el dispositivo determine un modelo interno del caminar normal de la persona. El equipo detrás del desarrollo del APO no ha anunciado una fecha para la puesta en el mercado del dispositivo, pero ahora se aboca al desarrollo de nuevos prototipos menos voluminosos.

Hans Huerto

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