¿Es factible el trasplante de cerebro que propone el doctor Canavero?

El 'transplante de cerebro' previsto para finales de 2017 no cuenta con la unanimidad de los expertos. /Scott Webb

A la ciencia le debemos la posibilidad de salvar la vida usando órganos de otra persona. Podemos recibir y donar partes de nuestro cuerpo que seguirán contribuyendo a la vida de otra persona cuando ya no los necesitemos. ¿Pero qué pasa cuándo lo que falla es el propio cuerpo? ¿Qué hace un cerebro atrapado en una cárcel de la que no se puede mover? ¿Es posible trasplantar un cerebro?

Sergio Canavero, neurocirujano italiano famoso por sus experimentos con trasplantes de cabeza en animales de laboratorio, lleva desde 2013 anunciando un inminente trasplante de cabeza humana. Después de dar la campanada, se creó el proyecto colaborativo internacional HEAVEN/GEMINI que establece los pasos para realizar esta operación: primero, el paciente debe llevarse a un congelamiento profundo (-15ºC); a continuación, se le cercena la cabeza mediante un procedimiento quirúrgico y se la conecta a una máquina corazón/pulmón; por último, se coloca la cabeza en el cuerpo donado previamente preparado, uniendo todas las estructuras anatómicas de manera secuencial.


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Esta hazaña, que de realizarse supondría un hito científico sin parangón, no convence completamente a los expertos. Muchos son quienes ven fisuras en el plan del médico italiano tanto técnica como éticamente. Una de las voces en contra que han sonado más alto en los últimos tiempos es la de Rafael Matesanz, director de la Organización Nacional de Trasplantes española (ONT) hasta su jubilación, a principios de mayo.

Para este doctor el primer escollo es una cuestión terminológica. Opina, en diálogo con N+1 que existe una línea infranqueable que es el sistema nervioso central:“la vida, la personalidad del individuo, radica en su sistema nervioso central”, es decir, que la intervención salvaría al cerebro y no al cuerpo. Por lo tanto “lo que estaríamos haciendo es implantarle un cuerpo de una persona fallecida a un cerebro vivo”.

Para lo que entonces debería llamarse trasplante de cuerpo, en cualquier caso, ya le han salido candidatos: el ruso Valery Spiridonov, que padece de una enfermedad neurodegenerativa que paraliza y atrofia su cuerpo gradualmente, dio su consentimiento en 2015, pero las últimas noticias dicen que se le ha adelantado un ciudadano chino y que la operación se realizará antes de que acabe 2017. Esto puede suponer un antes y un después en la salud humana, ¿pero es técnicamente posible?

¿Pegamento para unir encéfalo y médula espinal?

El experto asegura que, pese a las declaraciones de Canavero, el momento actual aún no nos permite una operación de este tipo satisfactoria: “Si ya es difícil encontrar un donante compatible, con todos los órganos sanos y el sistema nervioso intacto, hay que sumar la dificultad de que todo vuelva a funcionar. Habría que conectar una cabeza a su medida, a través de todas las estructuras del cuello: arterias, venas, vías respiratorias, digestivo, huesos...”. Los riesgos no son pocos ni leves: una sección medular por un accidente u otra causa, produce una paraplejia (parálisis de las dos piernas) o una tetraplejia (parálisis de brazos y piernas), según el nivel del corte.

Este doctor ilustra el proceso de engranaje con la imagen de un cable por cuyo interior corren millones de fibras nerviosas, que, después de seccionadas habría que volver a unir una por una, y asegura que los conocimientos actuales no nos permiten “unir correctamente el encéfalo y la médula espinal de la misma persona cuando se separan por un corte, mucho más complicado será de donante y receptor”.

La solución que ofrece Canavero para conseguir la completa restauración de la médula espinal se llama polietilenglicol (PEG), una sustancia que, en condiciones de laboratorio, tiene la propiedad de pegar las membranas celulares dañadas y ha permitido proveer de estimulación eléctrica a las fibras nerviosas. “Si esta hipótesis fuera cierta y la sustancia fuera capaz de unir las secciones del sistema nervioso, no entiendo cómo no se ha utilizado ya para tratar a enfermos medulares, algo mucho más útil”, discrepa Matesanz. El procedimiento, además, implica mantener al paciente en un coma inducido durante algunas semanas.

Sin embargo, el año pasado, HEAVEN/GEMINI aseguró haber restaurado con éxito la función de la médula espinal en animales, y los investigadores publicaron videos de ratones, ratas y perros e incluso un mono en distintas etapas de recuperación. La última noticia ha sido el trasplante de cabeza de rata usando un sistema externo para mantener la circulación. Frente a estos hechos, Matesanz se muestra tajante: “los monos sometidos a esta macabra experiencia murieron paralíticos sin recuperación nerviosa alguna y en una situación descrita como entre terribles crisis de angustia. Alguien tiene que ponerle freno a esta locura”.

 

Beatriz de Vera

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