En Perú, hallan los restos más antiguos conocidos de un pariente de las ballenas barbadas

El hallazgo de un fósil de ballenas que data de hace 36,4 millones de años ha proyectado nuevas luces al borroso proceso evolutivo que condujo la evolución de las actuales ballenas, de entre las jorobadas (Megaptera novaeangliae) y las azules (Balaenoptera musculus). El documento respecto al descubrimiento, publicado en Current Biology, da cuenta de la extinta especie encontrada, la selenensis de Mystacodon, el pariente más viejo de la ballena barbada.

El esqueleto fue hallado en la cuenca del río Pisco, en el sur peruano, y sus proporciones permiten estimar que la criatura en vida tuvo unos 4 metros de largo y que vivió 2 millones de años antes que el fósil anteriormente reconocido como el más viejo de una ballena. Sus rasgos la presentan como el primer pariente directo de la ballena, especie surgida luego de que sus antepasados, los basilosaurios, saltaran de la tierra al mar hace 50 millones de años y se dividieran en dos ramas, una de ballenas dentadas, incluyendo a los cachalotes (Physeter macrocephalus) y delfines, y la otra a las ballenas barbadas.

Olivier Lambert, paleontólogo del Museo de Ciencias Naturales de Bruselas, y autor principal del estudio, señala que para ubicar a la selenensis de M. en el árbol de la familia de las ballenas, los investigadores compararon características como la forma de su cráneo y hueso pélvico con las de otras ballenas fósiles. El hocico plano de la criatura se asemeja al de las modernas ballenas barbudas, pero su hueso pélvico se ajusta más a las ballenas ancestrales, con áreas donde los huesos de las piernas suelen encajar, dice Lambert. "Por lo tanto, pensamos que este animal todavía tenía patas diminutas sobresaliendo del cuerpo", dejando en claro que el espécimen provino evolutivamente basilosaurio. Las ballenas modernas carecen de encajes en la pelvis para las patas que perdieron con la evolución.

A diferencia de las barbudas modernas (que en las mandíbulas guardan filas de placas llamadas “barbas”), la M. selenensis tenía dientes, con los que comía cosechando alimentos de la superficie del mar el agua y reservando las presas gracias a placas de queratina en el techo de su boca.

Cómo este método de alimentación y su especie se impusieron en la evolución sobre sus similares es en sí aún un misterio. Responder a esta pregunta supondrá la revisión exhaustiva de los demás fósiles con los que cuenta el equipo, así como de nuevos restos eventualmente hallados en esta zona del mar peruano.

La zona es rica en fósiles de animales marinos prehistóricos. Un estudio publicado en la revista Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology, conducido en Perú por Alberto Collareta, paleontólogo de la Universidad de Pisa en Italia, halló que fueron las pequeñas presas que acostumbraba a comer el megalodonte las que precipitaron su desaparición, luego de haber reinado en los mares de la Tierra hace 14 millones de años. Ello fue posible de determinar mediante el estudio de los restos, hallados en el lugar, del monstruoso antepasado del tiburón.

Hans Huerto

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