¿A un paso de reproducirnos en el espacio? Esperma ‘espacial’ procreó ratones saludables

El sexo parece una empresa complicada en el espacio, pero la reproducción acaba de demostrar algo maravilloso y ciertamente útil (especialmente si la humanidad tiene serias intenciones de conquistar mundos más allá de la Tierra): el espacio no sería impedimento para que las especies se reproduzcan.

Así lo sugiere un reciente experimento que envió al espacio esperma de ratón congelado, lo mantuvo allí por nueve meses, y finalmente, este mismo esperma sirvió para dejar preñada a hembras que posteriormente dieron a luz a crías saludables. El estudio fue publicado en un artículo en Proceedings of the National Academy. 

Una de las grandes preguntas que surgen ante los entusiastas proyectos de colonización espacial es si es factible o no la reproducción humana fuera de la Tierra. Debido a la alta radiación cósmica y la microgravedad, muchos han teorizado que los fetos podrían desarrollarse anormalmente. Experimentos en pescados y salamandras han demostrado que estas especies pueden reproducirse normalmente en las estaciones espaciales, pero la investigación en mamíferos es escasa. Un estudio en los años 80 determinó que las ratas machos producían menos esperma en el espacio, pero poco se conoce de la calidad del mismo hasta el momento.

Un equipo de la Universidad de Yamanashi, Japón, congeló en seco esperma de 12 ratones machos y los envió a la Estación Espacial Internacional en agosto del 2013. Las muestras se mantuvieron a -95°C por nueve meses, mucho antes de volver a la Tierra en un vehículo de Space X. Una vez de vuelta, el equipo analizó el ADN: estaba dañado en distintos lugares principalmente por la exposición a la radiación cósmica —unas 100 veces más que en la Tierra en la EEI, porque esta no está protegida por la atmósfera ni el campo magnético. El daño, no obstante, no afectó la fertilización ni la salud de los fetos que de esta resultaron. Las hembras recibieron los implantes de esperma ‘espacial’ a través de la fertilización in vitro, mientras que otro grupo de control, simultáneamente, recibió esperma congelado en condiciones normales. La secuenciación genética confirmó que no había defectos significativos.

El daño habría sido reparado al fusionar el esperma y los óvulos para formar embriones, explicaron expertos del Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley, de California, a NewScientist. Pero la prueba no está completa: aún se necesita analizar a una combinación esperma-óvulo en el espacio. Para ello, el equipo del científico Teruhiko Wakayama, autor del trabajo, ha sido recientemente autorizado a enviar embriones a la EEI. Allí, los científicos los descongelarán y cultivarán hasta que alcancen la madurez. Serán devueltos a la Tierra e implantados en una hembra para ver si resultan siendo saludables.

Anteriormente, estudios determinaron que los embriones de ratones y los peces zebra no se desarrollan apropiadamente en ambientes de microgravedad en la Tierra. Esto sugeriría que si bien los embriones se pueden desarrollar en condiciones de alta radiación, su crecimiento podría verse afectado por la baja gravedad.

Más tarde, Wakayama quiere ver si ratones vivos se pueden aparear en el espacio, algo que arrojaría más luces a sobre si los humanos también lo pueden hacer y potencialmente concebir.

La NASA no prohíbe la actividad sexual durante los viajes espaciales, aunque apunta a que los altos estándares profesionales, los horarios rigurosos, los cuartos apretados y el monitoreo constante desde el control del terreno son los culpables de reducir la tensión entre los astronautas.

 


Daniel Meza
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