Microorganismos estarían degradando el plástico en los océanos, ¿debemos celebrarlo?

Entre 2010 y 2015, la producción mundial de plástico se incrementó en cerca de 20%, llegando a los 322 millones de toneladas métricas hace dos años. Pero los estimados de una investigación del año pasado, conducida por científicos del Laboratorio Marino de Plymouth, señalan que flotan en el mar unas 269.000 toneladas métricas, contaminando incluso islas sumamente alejadas de grandes ciudades costeras en las plataformas continentales.

Aun así, la abundancia medida es mucho menor de lo esperado. Estudios regionales y globales indican que la diferencia entre las estimaciones proyectadas y las reales es enorme, llegando a ser entre 1 y 10% de lo esperado, lo que sugiere que gran parte del plástico ha sido degradado por procesos físicos y bióticos. En otras palabras, la vida marina, en sus formas de microorganismos, habría evolucionado para degradar el plástico. Al menos de acuerdo con el trabajo de investigación de especialistas de la Universidad Pompeu Fabra que publica la revista Biorxiv.

Una observación paradójica es la falta de una tendencia en la acumulación plástica encontrada en el Atlántico Norte Giro subtropical, a pesar del rápido aumento en la producción de plástico y eliminación. En este trabajo se muestra, utilizando modelos matemáticos e informáticos, que esta observación podría explicarse por el acoplamiento no lineal entre el plástico (como recurso) y un conjunto evolucionado de organismos consumidores del mismo, capaces de degradarlo.

El resultado se obtuvo utilizando dos enfoques matemáticos de recurso-consumidor diferentes, así como un modelo plástico-microbiano espacialmente dependiente que incorpora un acoplamiento hidrodinámico mínimo con un fluido bidimensional.

No obstante, otros científicos ya antes han propuesto otras posibilidades. Una es que los plásticos sencillamente, con el tiempo, dejan de flotar en las superficies oceánicas por acción de microorganismos colonizadores, algas u otros que empieza a crecer sobre y dentro de los trozos de plástico, aumentando su peso y con ello arrastrándolos al fondo marino.

También se ha sugerido que los procesos de biodegradación naturales (entre 450 y 1000 años, según el plástico en cuestión) se hayan empezado a acelerar por algún mecanismo desconocido.

Como sea, el resultado, si bien indica que hay menos plástico flotando en los mares, no es motivo de celebración. La degradación de este material en piezas cada vez menores, de escala microscópica, en el medio marino, aumenta las chances de que se incorpore a la cadena trófica del océano. En otros términos: un plástico pequeño es más fácilmente ingerible por microorganismos, que a su vez son consumidos por organismos cada vez mayores en la cadena alimenticia, alargando con ello el efecto contaminante del material y las sustancias potencialmente tóxicas que despida en el proceso.

No obstante, seguimos en busca de soluciones que apunten a la degradación del plástico en los océanos y no a la reducción de su producción mundial. Científicos descubrieron el mes pasado que una oruga, normalmente utilizada para ser carnada de peces, tiene la habilidad de degradar biológicamente el polietileno, uno de los plásticos más duros y a la vez de los más usados, una de las causas de contaminación y erosión de ecosistemas más preocupantes de estos tiempos.

Hans Huerto

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