Plaquetas de adolescentes ayudarían a prevenir el cáncer y curar Alzheimer

La transfusión de plasma de jóvenes reduce el nivel de los biomarcadores del riesgo de cáncer, enfermedades cardiovasculares y el mal de Alzheimer en personas de edad mayor. La investigación del fundador de la startup Ambrosia, Jesse Karmazin, fue publicada en la revista New Scientist. Los resultados preliminares de las pruebas clínicas serán presentados en la conferencia Code Conference 2017 en Los Ángeles. 
 
Ambrosia inició las pruebas clínicas no controladas en agosto de 2016. En el transcurso de dos semanas, los participantes, todos de 35 años para arriba, recibieron 1.5 L de plasma extraído de personas de edades comprendidas entre los 16 y 25 años. Antes de la transfusión y un mes después de la misma, se realizó un análisis de más de 100 biomarcadores de distintas enfermedades y cambios relacionados con la edad a los participantes. Las pruebas fueron financiadas por ellos mismos: el procedimiento tuvo un costo de USD 8,000 por cada uno. Hasta el día de hoy, fueron 70 personas las que pasaron por el periodo experimental, que concluirá el 2018 y tendrá a 600 participantes más. 
 
De acuerdo a Karmazin, el nivel de los biomarcadores de los participantes varió luego de la transfusión. En primer lugar, se presentó una disminución media del 20% de la concentración del antígeno carcinoembrionario (CEA). Este es una glicoproteína que participa de la adhesión celular, la cual se sintetiza en el tracto intestinal del feto, pero su producción cesa después del nacimiento, y solo existe en cantidades ínfimas en la sangre de un adulto. Ciertas condiciones, como algunos tipos de cáncer, enfermedades inflamatorias y tabaquismo agresivo, aumentan su nivel. Sin embargo, no se sabe cuánto riesgo de cáncer representa tener 20% menos del antígeno CEA.  
 
En segundo lugar, los participantes experimentaron una disminución media del 10% del nivel de colesterol. Este indicador reduce el riesgo de desarrollar arteriosclerosis y presentar un accidente cerebrovascular isquémico.
 
En tercer lugar, el equipo de investigación observó una disminución del 20% de la concentración de amiloide en la sangre de los participantes. Esta proteína se acumula a modo de placas en el cerebro de los pacientes con la enfermedad de Alzheimer. Karmazin dijo que la condición de uno de los participantes, un hombre de 55 años con la enfermedad diagnosticada, tuvo una mejoría extraordinaria, al punto de que se le permitió conducir nuevamente. 
 
A pesar de los hallazgos prometedores para la ciencia, la investigación de Karmazin no está exenta de críticas. Los expertos señalan, en particular, que el científico incurre en una falta ética al cobrar a los participantes (y no poco) por el experimento. También se ciernen dudas en la autenticidad de los resultados, ya que las pruebas no son a ciegas (es decir, no está excluido el factor de la subjetividad de los participantes e investigadores) y no presentan un control-placebo. En el caso específico de esta investigación, el efecto placebo puede jugar un rol importante: primero, porque este se presenta a un nivel más alto cuanto más caro es el procedimiento; y segundo, porque al decir que el método emplea plasma “joven”, genera una expectativa muy alta. 
 
Oleg Lishchuk
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