¿Es preferible evitar productos con carragenina? Te lo explicamos en cinco puntos

Lácteos en el supermercado. Wikimedia Commons

Luego de la prohibición de una marca de leche evaporada en Panamá, el debate a nivel alimentario en la región se ha prolongado: ahora un aditivo presente en una gran variedad de lácteos, la carragenina, está bajo la lupa.

Por estos días, los consumidores de la región viven una situación de incertidumbre, especialmente luego de la prohibición de una marca leche evaporada de la multinacional Gloria en Panamá: esta se promocionaba como “leche”, cuando en verdad solo es hecha a base ciertos productos lácteos, algo que la autoridad panameña rechazó. El alcance del problema se amplía teniendo en cuenta que, según su propio sitio web, el grupo empresarial “exporta leche evaporada a 40 países en el Caribe, América Latina, El Medio Oriente y el Oeste de Africa”. Para ello, N + 1 pudo hablar con un experto en seguridad alimentaria para entender la ciencia detrás de los procesos de fabricación de la leche evaporada.

Pero en el país andino ha resurgido un nuevo debate ya tocado por distintas instancias a nivel internacional y académico: ahora, la inseguridad la trae la carragenina. Un organismo local (la ASPEC, Asociación Peruana de Consumidores y Usuarios) alertó que este aditivo, presente en los productos de Gloria y otras marcas como la trasnacional Nestlé y la peruana Laive, podría causar daños intestinales y hasta cáncer. Aquí, te explicamos por qué hay que poner atención a este químico y de preferencia, ser cautos en su consumo.

¿Qué es la carragenina?

También presente en etiquetas de productos lácteos como carragenano o SIN 120, E-407, este químico de nombre raro es un tipo de polisacárido sulfatado obtenido de la celulosa algas comestibles rojas. Las empresas lo usan para darle viscosidad y propiedades estabilizantes a los productos. En otras palabras, para que se vea bien, y sus componentes se mantengan distribuidos en todo el cuerpo líquido.

¿En qué productos la puedo encontrar?

El tema va más allá de las bebidas lácteas (pasando por yogures, natillas, leche condensada): también está en productos farmacéuticos, cervezas, refrescos light, postres, aderezos, quesos, productos sin lactosa, conservas de pescados, embutidos, surimi, productos cárnicos, y la lista sigue. Hasta alimentos para mascotas y productos de higiene personal la contienen.

Lo que más interesa: ¿me hace mal?

La respuesta, por el momento no es concluyente. Hay sectores académicos y gubernamentales de peso que dicen que hace daño, y otros que no. Pero el tema está lejos de ser zanjado. La verdad es que la evidencia actual sobre los daños que esta ocasionaría en el ser humano no es comprobada contundentemente, al tiempo que no existe, hay que decirlo, evidencia de que sea un elemento beneficioso a nivel nutricional (más allá del beneficio comercial del producto con buena pinta, que jamás se asienta y no hay que sacudir).

Si es un alimento aparentemente inofensivo ¿por qué tanta controversia?

Precisamente porque no todo está dicho. Hay, por otro lado, razones para sospechar. ¿Qué nos obliga a consumir productos con aditivos que no suman (es decir no son nutritivas), si no es el bombardeo publicitario?

Desde los 60, experimentos en animales y células humanas en el laboratorio dan cuenta de daños en dos áreas: la carragenina puede ser inflamatoria y mostró un (alarmante) efecto cancerígeno en roedores de laboratorio. El principal rostro en contra el aditivo fue la Dra. Joanne Tobacman, veterana científica de la Universidad de Chicago, quien tras revisar 45 estudios sobre el tema, concluyó en el 2001 que “la carragenina degradada debía ser reconsiderada”. Tobacman formalizó un pedido a la FDA (Food and Drug Administration) en el 2008 para que se prohíba el aditivo, aunque la organización la desatendió al considerar que la solicitud carecía de evidencia científica. La Unión Europea permite su uso, aunque por precaución (atención a esta palabra), se prohíbe en lactantes.

Finalmente, para añadir (o restarle puntos a la carragenina), un reciente estudio publicado en marzo concluye que esta podría recrudecer los cuadros de colitis ulcerativa. No obstante, para los expertos, la muestra (12 individuos) es pequeña.

¿Cómo debo proceder?

Habría, en cualquier caso, que ser cautos. Una vez más, el debate no está cerrado y aún faltan estudios concluyentes sobre su presunto estatus de dañino, y por otra parte, sabemos que la carregenina, nutritiva no es. “Lo chocante aquí es que no posee valor nutricional”, afirma Charlotte Vallaeys, experta del Instituto Cornucopia, EEUU, organización defensora de los cultivos familiares.  El uso de la carragenina es además innecesario: el rótulo “agítese antes de usar” en el empaque de los productos solucionaría uno de los problemas que justifican su presencia.

Finalmente, no está demás dudar de todo, hasta de lo oficial: no olvidemos que entre el 2011 y 2015, Coca-Cola y Pepsi gastaron millones de dólares en patrocinar a más de 96 organizaciones científicas y médicas de EEUU. El objetivo de ambas multinacionales no era precisamente promover la ciencia, sino silenciar estudios que ventilaran la relación entre el exceso de azúcar y enfermedades como la diabetes o la obesidad.

Si en tu país no está prohibida para tus pequeños, lo mejor sería, como hace Europa evitar ‘alimentarlos’ con estos productos por precaución. Si es que hablar de inflamación, úlceras y cáncer no te asusta lo suficiente como temer por tu salud y variar tus propios hábitos, al menos cuídalos a ellos.

 

Daniel Meza
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