‘Gallina gigante’ deambuló en Australia hace 2 millones de años

Pata de la “nueva” especie Progura campestris.
Shute et al / Royal society open science 2017

Un equipo de científicos de las Universidad Flinders, en Australia, ha realizado un estudio sistemático de diversas especies de aves galliformes de Australia, ya extintas, de la rama de los megápodos (Megapodiidae). Empleando la técnica del análisis molecular, se compararon los restos fósiles ya conocidos con nuevos descubrimientos de diferentes procedencias. El estudio concluye en que es necesario dividir en dos nuevos grupos a una conocida variedad de megápodo. Las nuevas especies han sido descritas y un nuevo orden (género) ha salido a la luz. De este modo, la fauna de aves de Australia resultó ser más rica de lo que se creía hasta ahora. El artículo, con las descripciones y análisis de los nuevos descubrimientos, está publicado en el journal Royal Society Open Science.
 
Los megápodos, aves del orden de los galliformes, ocuparon Australia y las islas de Oceanía, con algunas especies aún presentes hasta el día de hoy. Estas aves se caracterizan por no empollar sus huevos y enterrarlos bajo un montículo de restos orgánicos que ellas mismas construyen. Algunas especies más primitivas de esta ave simplemente dejaban sus huevos enterrados en arena tibia. 
 
Los fósiles más antiguos de megápodos han sido descubiertos en Australia a finales del s. XIX. Estos pertenecen a la especie Progura gallinace, extinta hace más de 10 mil años atrás en el Pleistoceno (2,59 millones de años a 10 mil años atrás). Aparentemente se trató de un ave de gran tamaño, aunque en esa misma especie se descubrieron individuos más pequeños encontrados en otros lugares. Así, durante largo tiempo, los investigadores supusieron que Leipoa ocellata era una versión enana más del megápodo gigante extinto. 


Galliforme gigante se asemejaba en tamaño a un canguro. Universidad Flindes

En la nueva investigación, se analizaron unos “nuevos” fósiles de la antigua ave galliforme encontrada en la región oeste de Australia, así como otros restos, también “nuevos”, encontrados hacia el sur del continente. Al comparar los nuevos y antiguos fósiles, los investigadores concluyeron que los megápodos australianos del Pleistoceno tienen por lo menos seis ramas representativas. Así, el Progura gallinace gigante se convirtió en una especie aparte, separándose de los pequeños Latagallina naracoortensis y otros. Asimismo, Leipoa ocellata “subió de categoría” y dejó de ser un descendiente reducido de los Progura, sino que adquirió estatus de contemporáneo, poniendo en duda la teoría del “enanismo del Pleistoceno tardío”, que explica el origen de muchas especies modernas. 
 

Huesos (tarsometatarsus) fósiles y contemporáneos de las patas de megápodos. La imagen se adaptó para que todos los huesos tengan el mismo tamaño, pero conservando la proporción. Las letras “a” y “k” pertenecen al gigante Progura gallinace.
Shute et al / Royal society open science 2017

De todas las especies estudiadas, llama la atención el gran tamaño que tuvo el Progura gallinace: con cerca de 8 kg, se considera que tuvo un tamaño mucho mayor que el de los megápodos modernos. Además, al analizar su cintura escapural, se descubrió que esta ave era capaz de volar y prefería pasar las noches en las ramas de los árboles. 
 
El estudio también esclareció que la variedad de megápodos se redujo en un 60% en los últimos miles de años, siendo las especies de mayor tamaño las primeras en extinguirse. La causas de este fenónemo no están del todo estudiadas, pero se cree que la mala estrategia para empollar sus huevos contribuyó de manera significativa en su desaparición.  
 
Daria Spasskaya
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