‘Dopaje’ con heces de ciclistas…¿la alternativa al dopaje sanguíneo?

Una nueva forma de doping se abriría paso en un futuro no muy lejano de llegarse a corroborar las hipótesis y experiencia de la microbióloga Lauren Peterson. También ciclista montañera, la científica ha descubierto que los atletas de élite en este deporte tienen un microbioma en sus intestinos que les permitiría desenvolverse mejor que el resto. Lo más interesante de todo esto es que Peterson cree que en un futuro no muy lejano habrá formas de adquirirlo. La científica detalló sus observaciones y experiencia en un artículo de la revista Bicycling

Peterson, científica del Laboratorio Jackson para Medicina Genómica en Farmington, Connecticut, es una en un grupo de científicos de élite investigando la microbiología en los intestinos de los atletas. La referida investigadora, quien fundó el Proyecto Microbioma Atleta, se especializa en ciclistas.

Su conexión con el tema es íntima. Petersen contrajo la enfermedad de Lyme a los 11 años. Tomó antibióticos y tuvo que soportar la enfermedad por más de una década. Ningún médico podía ayudarla durante un largo tiempo. Los trasplantes fecales eran permitidos en su país solo para tratar casos serios de diarrea crónica.

La situación la llevó a que, posteriormente, una vez acabado su doctorado, decidió hacerse un transplante fecal proveniente de un ciclista de élite, a través de un enema inverso. Un poco rudo, aunque efectivo.

Su interés por curarse le ayudó a crecer en su carrera científica y aun cuando estudiaba logró que su intestino fuese secuenciado por el American Gut Project. Los resultados arrojaron que Peterson llevaba consigo un 96% patógenos gramnegativos, tan tóxicos que si llegaban a su sangre podrían matarla. Según cuenta, no poseía microbios que la ayudasen a descomponer la comida y contrajo viruses en el laboratorio porque su sistema era demasiado débil.

A solo meses del trasplante, empezó a entrenar 5 días a la semana, rápidamente empezó a incluso ganar carreras profesionales.

¿Qué tenían de bueno esas heces?

Peterson continuó con su investigación. Colectó muestras de deposiciones de ciclistas profesionales y aficionados. Observó que un microorganismo que ella misma recibió en su propio trasplante, la Prevotella es común entre los ciclistas de élite. “A mayor entrenamiento, mayor la posibilidad de tener Prevotella”, indicó. Sus muestras, explicó, dieron cuenta de que la mitad de personas tenían Prevotella; los ciclistas de élite siempre lo tenían y, por otro lado, no estaba ni en el 10% de los aficionados. Actualmente, se encuentra extrayendo la Prevotella para entenderla y ver si se puede propiciar naturalmente su propagación o a través de una píldora probiótica para atletas. Se sabe, hasta el momento, que la Prevotella sintetiza cadenas de aminoácidos cruciales para la recuperación muscular.

Junto a la Prevotella, Peterson también identificó otro microbio que podría ayudar a mejorar el desenvolvimiento: el Methanobrevibacter smithii, que permitiría al microbioma entero a trabajar más eficientemente, descomponiendo carbohidratos complejos.

Aun es temprano para hacer conclusiones, pero la científica cree que lo aprendido es suficiente como para esperar grandes cambios tanto como para ciclistas como población en general. En el futuro, cree, podríamos tener estos elementos en una píldora y no en un transplante fecal.

El trasplante fecal viene siendo estudiado en otras áreas. Hace pocos meses, un equipo de investigadores del Max Planck Institute for Biology of Ageing, en Alemania, observaron por vez primera los efectos “rejuvenecedores” del intercambio de microflora intestinal entre los peces Nothobranchius furzeri. Así, la expectativa de vida del pez que ingirió las heces de su contraparte más joven aumentó.

 

Daniel Meza
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