Fármaco antiepiléptico surge como nueva arma contra mal de Alzheimer

(Foto: Max Pixel)

Según el Reporte Mundial del Alzheimer de 2015, 46 millones de personas vivían con demencia y el número crecerá a 131,5 millones en 2050. Por otro lado, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, alrededor de un 20% de pacientes con Alzheimer podrían sufrir ataques epilépticos; no obstante casi la mitad pueden experimentar actividad epiléptica subclínica, una interrupción de la actividad eléctrica en el cerebro que no produce convulsiones pero puede ser medida por electroencefalograma (EEG) u otra tecnología de exploración cerebral.

De ahí la importancia del estudio de viabilidad del Centro Médico Beth Israel Deaconess (BIDMC), publicado en el Journal of Alzheimer's Disease, que da cuenta de pruebas exitosas de un fármaco antiepiléptico para su posible beneficio en la actividad cerebral de pacientes con enfermedad de Alzheimer leve. Daniel Z. Press, director del equipo investigador, señala que “si esta actividad eléctrica anormal [la epiléptica subclínica] está causando más daño, entonces suprimirla podría potencialmente retardar la progresión de la enfermedad [de Alzheimer]".

El estudio doble ciego contó con la participación de un pequeño grupo de pacientes con Alzheimer leve que visitó el BIDMC tres veces. En cada visita, los pacientes se sometieron a un EEG para medir la actividad eléctrica en sus cerebros. A continuación, se les administró inyecciones con placebos o el fármaco anticonvulsivo levetiracetam, ya sea con una dosis baja (2,5 mg / kg) o con una dosis más alta (7,5 mg / kg). Ni los pacientes ni los profesionales médicos sabían qué inyecciones estaban recibiendo los pacientes, pero cada paciente finalmente recibió uno de cada tipo, en un orden aleatorio.

Después de recibir la inyección, los pacientes se sometieron a otro EEG, luego a una resonancia magnética (MRI) –para medir el flujo sanguíneo en el cerebro y así cuantificar y localizar de otra forma la actividad cerebral—. Finalmente, los pacientes tomaron una prueba cognitiva estandarizada, diseñada para medir la memoria, el funcionamiento ejecutivo, la denominación, la capacidad visual espacial y la función semántica –todas, capacidades normalmente afectadas por la enfermedad de Alzheimer.

En los siete pacientes capaces de completar el protocolo del estudio con éxito, Press y sus colegas analizaron los cambios en sus EEG. Las dosis más altas del fármaco anticonvulsivo revelaron normalizar la actividad cerebral, lo cual se tradujo en un aumento global en las frecuencias de las ondas cerebrales que habían sido anormalmente bajas en los pacientes con enfermedad de Alzheimer antes de recibir la dosis más alta de levetiracetam, y, asimismo, se vieron disminuciones en aquellas ondas que antes habían sido registradas anormalmente altas.

Press reconoce que la administración de los fármacos no demostró ninguna mejora en la función cognitiva “después de una dosis única de medicación en este estudio" por lo que es “demasiado pronto para usar la droga ampliamente, pero nos estamos preparando para un estudio más largo y más largo".

Hans Huerto

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