Un tercio de la fauna marina murió en una extinción que no conocíamos

El fondo marino. /Johnny Chen

De muchos de los animales que poblaron la Tierra hace miles de años no queda ni rastro. Nunca llegamos a formar parte de su entorno y, por lo tanto, tampoco somos responsables en ningún grado de su desaparición. Pero más allá de la simple curiosidad, ¿por qué debería importarnos conocer qué criaturas habían colonizado el globo hace eones? Pues tan fácil como que los antiguos animales se extiguieron por causas muy similares a las que llevan a la desaparición a muchas especies modernas, y cuanto más sepamos sobre esos eventos de extinción, mejor preparados estaremos para los futuros. Que los habrá.

Durante las épocas del Plioceno y Pleistoceno, la temperatura y altura de los mares estaba cambiando. ¿Te suena familiar? No fue un cambio impulsado por los seres humanos, pero la modificación del clima estaba teniendo un enorme impacto en el océano, algunas de las mayores variaciones en el nivel del mar en los últimos 66 millones de años ocurrieron durante esas épocas. Los científicos habían asumido hasta ahora que, mientras los crecientes mares impactaban a las poblaciones locales, la biodiversidad marina había resistido bastante bien a escala global. Sin embargo, un nuevo estudio publicado en Nature Ecology & Evolution asegura que el 36%, más de un tercio de los mamíferos, tiburones, tortugas y aves marinas, de la megafauna marina se extinguió al final de la época pliocena.

Según los investigadores, los mamíferos marinos sufrieron las peores pérdidas, quedándose con un 55% menos de biodiversidad después de la extinción, mientras que los tiburones (hoy vivíparos, ovíparos u ovovivíparos) solo perdieron 9%. Además, quedó afectada la diversidad funcional: la diferencia es que la segunda tiene un impacto mucho mayor. La biodiversidad es una pérdida de especies, no una pérdida de funciones en un ecosistema. Si una especie muere, pero otra ocupa el mismo nicho y puede crecer en número para compensar la pérdida, el problema es menor que si la especie perdida realiza una función irremplazable. Esto hace que todo el ecosistema sea más frágil, más susceptible al cambio.

Y eso es exactamente lo que sucedió al final del Plioceno. Los animales marinos, especialmente los que vivían a lo largo de las costas, murieron y dejaron huecos en su lugar. Se perdieron grupos funcionales enteros y los que quedaron fueron más vulnerables a pérdidas futuras. Incluso las nuevas especies que evolucionaron durante el Pleistoceno no pudieron reparar el daño.

Los antropólogos conocían una serie de extinciones que habían ocurrido durante esa época, que probablemente se debieran a cambios en las condiciones oceánicas. Esos cambios climáticos eran una parte natural de los ciclos de enfriamiento y calentamiento que nuestro planeta ha atravesado durante milenios. Desafortunadamente, el cambio climático antiguo y el cambio climático moderno, en el que desempeña un papel principal el ser humano, no juegan en el mismo campo. Nuestras emisiones de gases de efecto invernadero han aumentado desmesuradamente el calentamiento global, que está ocurriendo a un ritmo mucho más rápido, lo que significa que es mucho más difícil para las especies adaptarse. Pero consideran que no fue únicamente el cambio de temperaturas lo que provocó estas muertes. Los hábitats costeros también se estaban volviendo más escasos, y los alimentos junto con ellos. Lo que significa que el cambio climático no es la única forma en que los humanos pueden contribuir a una futura extinción masiva. El antropoceno (la época durante la cual los humanos han tenido un impacto desmedido en la Tierra) podría traer el próximo gran evento.

Una investigación publicada en Science Advances, asegura que la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y los Recursos Naturales (UICN) habría venido subestimando el real peligro de extinción que atraviesan una serie de especies animales alrededor del mundo. Para elaborar estrategias de conservación eficientes, los investigadores piden repetir las observaciones. La versión del 2014 de la Lista Roja de la UICN consigna 4.574 especies en peligro crítico.

Beatriz de Vera
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