¿Sufres de males inflamatorios? Podría deberse a factores de riesgo en tu primera infancia

(Foto: Pixabay)

Una reciente investigación de la Universidad Northwestern expone cómo las condiciones ambientales que rodean a un bebe durante su desarrollo temprano pueden causarle inflamaciones —factor de riesgo en enfermedades del envejecimiento, como males cardiovasculares, diabetes, enfermedades autoinmunes y demencia— en la edad adulta.

En base a investigaciones previas que vinculan la exposición ambiental a biomarcadores inflamatorios, el reciente trabajo —publicado por Proceedings of the National Academy of Sciencesexplica la relación entre nuestro cuerpo, su proceso formativo a partir de las experiencias en la infancia y sus ecos en la salud adulta, resonando en la forma en que se inflaman nuestros tejidos alcanzada la madurez.

Las exposiciones nutricionales, microbianas y psicosociales tempranas en el desarrollo predicen la metilación del ADN (mADN) —la añadidura del compuesto químico metilo al ADN, relacionada a procesos del desarrollo— en nueve genes involucrados en la regulación de la inflamación.

La mADN es un proceso epigenético que imprime marcadores bioquímicos perdurables en el genoma suprimiendo o promoviendo la expresión génica, a fin de preservar los recuerdos celulares de las experiencias de la vida temprana. Así, el mecanismo explicaría parcialmente cómo las condiciones a las que uno estuvo expuesto en la infancia son recordadas por el organismo a la hora de regular su inflamación y combatir enfermedades relacionadas con la inflamación.

Thomas McDade, autor principal del estudio y profesor de Antropología en el Colegio de Artes y Ciencias Weinberg en Northwestern, señala que la investigación echa luz sobre la condición plástica y maleable de nuestro aspecto genético, que se creía heredado de nuestros padres como planos inamovibles para el desarrollo del ser humano.

Alterar el entorno nutricional, microbiano y psicosocial temprano en el desarrollo puede dejar marcas duraderas en el epigenoma, con el potencial de reducir los niveles de inflamación crónica en la edad adulta, arroja el trabajo. En tal sentido, la afectación de aspectos como la nutrición y la duración de la lactancia materna, la intensidad de la exposición microbiana (exposición a las heces de los animales) y a la adversidad, en la forma de pobreza u orfandad (situación socioeconómica en la infancia / niñez, ausencia prolongada de los padres) dejan su huella en el epigenoma.

"Si conceptualizamos el genoma humano como un sustrato dinámico que resume la información del medio ambiente para alterar su estructura y función, podemos ir más allá de metáforas simplistas como ‘naturaleza contra nutrición’ y ‘ADN como destino’ que no hacen justicia a la complejidad del desarrollo humano ", dijo McDade.

Los estudios previos de McDade, entre otros, han demostrado que los ambientes en la infancia y la primera infancia tienen efectos duraderos sobre la inflamación en la edad adulta: niveles más altos de exposición microbiana en la infancia están asociados con niveles más bajos de inflamación en la edad adulta, por ejemplo. Además, encontró que los individuos nacidos con pesos más bajos fueron amamantados por períodos más cortos de tiempo en la infancia y registraron niveles más altos de inflamación en la adultez.

Hans Huerto

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