Probadas, con éxito, dos vacunas contra el cáncer de piel

Dos vacunas diferentes han probado su eficacia contra el cáncer en sendos estudios en fase I. /Public Domain Pictures

La medicina lucha contra uno de los más pertinaces enemigos del ser humano, el cáncer, a través de radioterapia, quimioterapia y medicamentos que atacan a blancos concretos. Pero en esta guerra resultan dañadas también las células sanas: en los últimos años, los expertos han señalado que la mejor alternativa para destruir las células tumorales sin dañar a las sanas es la inmunoterapia, que se encarga de movilizar el sistema inmunitario del paciente para hacer frente específicamente a las células cancerosas. El problema es que el tumor de cada paciente tiene un conjunto único de mutaciones que primero deben ser identificadas, lo que requiere de estrategias personalizadas.

Por eso, desde hace unos años los científicos trabajan en erradicar a esta lacra diseñando vacunas que guíen al sistema inmune de los enfermos para atacar de forma específica a las células malignas.  Ahora, dos estudios independientes, uno estadounidense y otro alemán, publicados en la revista Nature, presentan dos vacunas que proporcionan beneficios clínicos y seguridad a los pacientes con melanoma de alto riesgo.

En el trabajo liderado por Catherine Wu, investigadora del Instituto del Cáncer Dana-Farbe (EE UU), el equipo probó una vacuna conocida como NeoVax, mientras que en el grupo formado por expertos de varias instituciones alemanas, cuyo autor principal es Ugur Sahin,  investigador en la empresa alemana BioNTech, se aplicó por primera vez en humanos una vacuna basada en ARN personalizado. La investigación estadounidense logró una regresión completa de los tumores en cuatro de los seis pacientes tratados, y el equipo de Sahin hizo desaparecer los tumores en ocho de 13 personas. Lo próximo, cuentan, será hacer ensayos clínicos de fase II, con muchos más participantes. Poco a poco se podrá intentar extender las vacunas personalizadas a nuevos tipos de cáncer.

Los investigadores advierten que estos primeros ensayos clínicos no estaban diseñados para evaluar la eficacia de las vacunas, sino únicamente para explorar si representan una línea de trabajo prometedora. Son estudios llamados de “prueba de principio” porque exploran si el principio en que se basan las vacunas es viable. Pero tras los buenos resultados obtenidos hasta ahora, ya se han puesto en marcha estos nuevos estudios con grupos más amplios de pacientes, según informan los investigadores estadounidenses. Aunque por ahora este nuevo tipo de vacuna solo se ha estudiado en pacientes con melanoma (el tipo más grave de cáncer de piel), los investigadores sostienen que también debería ser eficaz contra otros tumores.

Si se confirma que estas vacunas son eficaces y seguras, nos encontraríamos ante un potencial problema económico: el coste podría convertirse en un obstáculo para que el tratamiento sea accesible a todos los pacientes que se beneficiarían de él, admiten a La Vanguardia, investigadores de la Escuela de Medicina de Harvard. Obtener cada vacuna requiere en estos momentos unos tres meses de producción en los que deben utilizarse varias tecnologías costosas, como técnicas de secuenciación masiva de ADN, programas de inteligencia artificial para identificar la composición óptima de la vacuna para cada paciente, o técnicas de síntesis química para producir las complejas moléculas que formarán cada vacuna.

Por otro lado, un nuevo método para tratar el cáncer utilizando un campo eléctrico ha demostrado, en estudios clínicos de fase III, ser capaz de alargar la vida de los pacientes con glioblastoma, el tumor cerebral más común y maligno. Su extirpación quirúrgica, seguida de radiación y quimioterapia suele recortar la vida de los pacientes. Pero ahora, la tecnología de los Campos de Tratamiento de Tumores (Tumor Treating Fields, TTFs) creados por la firma israelí Novocure y miembros del Instituto Israelí de Tecnología Yoram Palti, utiliza el cuero cabelludo para crear un campo eléctrico AC (corriente alterna) de baja intensidad en el cerebro, lo que interfiere y previene la división y propagación de las células cancerosas. Esto propicia que se dispare la apoptosis (muerte celular) de las células tumorales y, al utilizar una frecuencia de 200 kHz, no afecta a las neuronas saludables y otras células cerebrales, lo que lo convierte en un tratamiento menos invasivo que la quimioterapia.

Beatriz de Vera
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