Científic@s ilustres

Vidas que cambiaron el mundo

Nettie Maria Stevens, la genetista que descubrió por qué somos hombres o mujeres

La historia de la ciencia la escriben personas que, incluso en situaciones personales, sociales o culturales adversas, han destacado por su trabajo, su genialidad o sus ideas y han hecho contribuciones esenciales para el avance de la humanidad. Cuando estas personas son mujeres, sobre todo cuando hablamos de las pionera, estas adversidades son mayores. Es el caso que ya hemos contado de la física Marie Curie, o de la médica Elizabeth Blackwell. Y también de Nettie Maria Stevens, una genetista estadounidense que estudió por primera vez las bases cromosómicas que determinan el sexo.

Nettie Stevens nació en Cavendish (Vermont, EE.UU.) el 7 de julio de 1861. Mostró precozmente grandes habilidades intelectuales, tanto que en 1880 logró acabar en dos años un curso que duraba cuatro en la Westfield Normal School de Massachusetts, graduándose, además, como la primera de su clase. Pero, pese a su excelencia, tras titularse solo pudo ganarse la vida como maestra de escuela y bibliotecaria, aunque su interés en continuar estudiando para poder dedicarse a la investigación no se le fue de la cabeza durante todo el tiempo que estuvo ahorrando para pagarse unos estudios superiores.

No fue hasta 16 años más tarde que, a a la edad de 35, se matriculó en la Universidad de Stanford, donde completó su licenciatura. Se doctoró en 1903, en el Bryn Mawr College de Filadelfia, en la misma facultad en la que se encontraban dos de los grandes biólogos de la época Edmund B. Wilson y Thomas H. Morgan. La influencia de estos dos expertos fue decisiva en la carrera de Stevens. Recién estrenado el siglo XX, obtuvo una beca que la llevó a viajar a Europa, donde trabajó en la Estación de Zoología de Nápoles (Italia). También pasó un tiempo en el Instituto de Zoología de la Universidad de Würzburg (Alemania), donde el zoólogo Theodor Boveri investigaba el problema del papel de los cromosomas en la herencia.

Puso fin a la controversia

Por esa época, la ciencia tenía tres hipótesis sobre qué determinaba el sexo en los seres humanos: la primera era que dependía de los factores externos durante el desarrollo; la segunda, que se determinaba internamente a través del óvulo; y la tercera, que venía escrito en el ADN. En 1905, la científica publicó un estudio que pondría punto y final a un largo debate genético. Tras observar la diferenciación celular en embriones y analizar los cromosomas, concluyó que los cromosomas existen como estructuras parejas en las células, tal como se ha demostrado, en vez de largos bucles o hilos como muchos todavía sostenían esa época.

Además, observó que los espermatozoides que poseían un cromosoma pequeño eran los que determinaban el sexo masculino, y aquellos que tenían los diez cromosomas del mismo tamaño, el femenino. Descubrió así que el sexo está determinado por una diferencia entre dos clases de espermatozoides: los que poseen el cromosoma X y los que poseen el cromosoma Y (en terminología moderna).

Sin embargo, las adversidades que nombrabamos al principio no solo existen antes de que las mujeres lleguen a la investigación. Después de hacer descubrimientos revolucionarios, es habitual que el mérito se lo lleven otros. Con frecuencia se ha otorgado a Edmund Beecher Wilson el mérito de este descubrimiento, pese a que numerosos expertos en el tema aseguran que Wilson era conocedor del trabajo de Stevens y que reconocía su prioridad. En 1905, Nettie consiguió un puesto en el Bryn Mawr como profesora asociada de morfología experimental y el mismo año recibió el Premio Ellen Richards, uno de los reconocimientos para mujeres científicas con más solera.

Cuando por fin iba apoder dedicarse exclusivamente a la investigación gracias a una cátedra de creada expresamente para ella en el Bryn Mawr College, un cáncer de mama terminó con su vida, el 4 de mayo de 1912.  Su carrera profesional fue muy corta: tan solo nueve años, durante los cuales publicó cerca de cuarenta artículos, la mayoría de valor irrefutable. En 1994 se la incluyó en la National Women's Hall of Fame.

Beatriz de Vera
Si te gustó esta noticia, entérate de más a través de nuestros canales de
 Facebook y Twitter.

Suscríbete

Déjanos tu mail para recibir nuestro boletín de noticias

La confirmación ha sido enviada a tu correo.