¿La masturbación previene el cáncer de próstata? Estudio viral hace patinar a medios

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Universal Studios

“Eyacular por lo menos 21 veces al mes reduce el riesgo de cáncer de próstata en hombres”, es el titular del popular diario británico Mail Online. “Cómo tener muchos orgasmos puede salvar la vida de un hombre”, reza la edición web del tabloide NewYorkPost. “¿Cuántas eyaculaciones al mes hacen falta para prevenir el cáncer de próstata?”, se pregunta en un osado titular de El Mundo de España cuando la respuesta jamás se encontrará en el texto. Ocurre lo mismo con Clarín de Argentina, La República de Perú y la Tercera de Chile, como si los científicos hubiesen hallado la receta definitiva para acabar de una buena vez con este tipo cáncer. Una vez más, la viralización de un tema y su manejo incauto jugaron una mala pasada no solo a usuarios comunes y silvestres, sino también a los que tienen por oficio diario el transmitir información, se supone, verdadera. ¿Qué les pasó?

La afirmación, sin duda atractiva, se basa en una investigación estadounidense que pidió a una muestra grande de hombres información sobre con qué frecuencia eyaculaban por mes, para más tarde observar si estos reportaban o no cáncer de próstata. Se tomó nota de que los hombres que que dijeron haber eyaculado 21 veces o más por mes tenían menos probabilidades de presentar cáncer de próstata en la revisión posterior que aquellos que eyacularon cuatro o siete veces por mes. Tristemente, por más esperanzador que te pueda sonar esto, y citando a expertos del Servicio Nacional Británico:

“Esto NO prueba que eyacular más seguido previene el cáncer; solo indica que está asociado a una disminución del riesgo”

Ocurre que, una serie de factores adicionales como la genética, el estilo de vida, el número de hijos, la dieta, la naturaleza de la actividad sexual, entre otros, están también envueltos en el riesgo, pero ahora mismo no se puede decir con total certeza qué factores lo incrementan. Existen, de hecho, muchas hipótesis sobre porqué la eyaculación ayudaría a reducir el riesgo de cáncer (sobre los que el estudio actual ha preferido no investigar): disminuir el estrés, mantener regulado el metabolismo celular. Pero todas, al momento, no son más que especulaciones.

Cómo empezó todo

El estudio al que hace alusión esta nota fue llevado a cabo por la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Boston, la Escuela de Salud Pública Harvard TH Chan, y la Escuela Médica de Harvard en EEUU. Fue financiada por el Instituto Nacional de Cáncer y la Fundación del Cáncer de Próstata. Fue publicado, tras ser revisada por pares, en la revista científica European Urology, y lo puedes descargar aquí.

Bastaron estas credenciales para que la industria del clickbait manipulara a gusto la información y hasta le añadiera ‘datos’. “The Sun”, por ejemplo, se animó a postular que la eyaculación ayudaba a “eliminar toxinas”, algo sobre lo que el estudio en cuestión no había profundizado.

El estudio fue realmente así

El equipo realizó un estudio de cohortes (que sigue los hábitos y estilos de vida por años para deducir consecuencias de largo plazo en cuanto a salud), haciendo el seguimiento a la condición de un grupo de profesionales de la salud desde 1992, por 18 años en total. En él, se intentó determinar la frecuencia de eyaculación en distintas edades, y si ésta estaba asociada o no con la posibilidad de tener cáncer de próstata.

La desventaja de este tipo de estudio es que no puede controlar factores extras que afectarían a los resultados finales: un ensayo controlado aleatorizado sería necesario para observarlos (aunque esto hubiese significado una nueva inversión de tiempo y recursos, además de ser intrusiva para la vida de los individuos observados).

Fueron en total 31.925 hombres (entre 40 y 75 años) quienes pasaron por cuestionarios que buscaban relación entre la eyaculación y el cáncer de próstata, cada dos años.

La pregunta específica fue: “en promedio, cuántas veces eyaculó Ud. por mes en las siguientes edades: 20-29; 40-49; el año pasado. Las categorías variaron entre ninguna, de 1 a 3, de 4 a 7, de 8 a 12, de 13 a 20 y por encima de 20.

La revisión de seguimiento se hizo al 96% de hombres que todavía están vivos. Entre los que tenían cáncer, se estableció diferentes niveles de riesgo de acuerdo a la edad del diagnóstico, a la cantidad de la hormona involucrada en el alargamiento de la próstata (PSA), y a la etapa de madurez del tumor.

Finalmente, los análisis se ajustaron para el escrutinio de una serie de variables de confusión: raza, historia familiar con este tipo de cáncer, actividad física, masa corporal, diabetes, estado marital, fumar, dieta, historial de la vasectomía, y historial de niveles de la hormona PSA.

Resultados y conclusiones

Del total de hombres estudiados, se presentaron 3.839 casos de cáncer de próstata. Las conclusiones fueron así:

Comparándose con los hombres que eyacularon entre 4 y 7 veces al mes, los individuos que eyacularon 21 veces por mes entre los 20 y 29 años, presentaron un 20% menos de riesgo de contraer el cáncer. En el caso de el grupo entre 40 y 49, hubo un 18% menos de riesgo en aquellos que eyacularon 21 veces. Y en los mayores, por encima de 50 años, el riesgo incluso bajó más: tuvieron un 26% menor de riesgo si eyaculaban 21 veces al mes en el año anterior.

La interpretación de los autores fue que este megaestudio “provee la evidencia más fuerte a la fecha del rol beneficioso de la eyaculación en la prevención del cáncer de próstata” y que “más eyaculaciones (en la ausencia de comportamientos sexuales riesgosos) podría representar un importante medio para reducir costos médicos, físicos y fisiológicos de innecesarios tratamientos de tumores de bajo riesgo, aun así estando relacionado en menor medida con una enfermedad agresiva”.

En ningún momento el estudio sugiere haber hallado la solución definitiva para prevenir el cáncer, como dan a entender en sus sonoros titulares los medios citados en el primer párrafo.

Por si fuera poco, hay carencias en el megaestudio

Aun así, el propio estudio tiene una serie de severas falencias que expertos del NHS se encarga de subrayar:

Uno, la investigación carece del análisis de ciertas variables: antecedentes socialdemográficos, educación, o si los hombres tenían hijos. Dos, el cuestionario se basa en autorreportes, por lo que no hay forma de controlar fehacientemente si los individuos dieron informaciones falsas o subjetivas sobre su desempeño sexual (o historial de eyaculaciones).  Otro vacío está en que el cáncer de próstata se basó en historia médica entregada por ellos mismos, y no hubo un análisis transversal contundente de todo el grupo: esto significa que podrían haber otros casos de cáncer ocultos en la población estudiada. El estudio, finalmente, fue conducido a un grupo mayoritariamente de blancos, por lo que no puede ser generalizable a otro tipo de poblaciones, como la latinoamericana, africana, asiática o descendientes de estas.

Con este análisis no pretendemos reavivar historias que posiblemente escuchaste tu niñez satanizando a la masturbación: tranquilo, es cien por ciento segura. Pierde cuidado estimado lector si, por las dudas, quieres emplearla como método de prevención.

 

Daniel Meza
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