Científic@s ilustres

Vidas que cambiaron el mundo

Nikola Tesla, el físico al que nadie dio las gracias por cambiar el mundo

Nikola Tesla. / Wikimedia Commons

Uno de las mentes más brillantes del siglo XX estuvo a punto de no llegar a crear ninguno de los 300 inventos que patentó a lo largo de su vida. A los 17 años, el físico e ingeniero Nikola Tesla, que había nacido el 10 de julio de 1856, estuvo a punto de morir de cólera. Aunque quizá fue este episodio el que lo impulsó a convertirse en el genio que llegó a ser: mientras convalecía de la enfermedad, su padre le prometió que si se curaba, le enviaría a una gran escuela de ingeniería. Y eso hizo. Después de cumplir con el ejército, Tesla se matriculó en la Universidad Politécnica de Graz (Austria) y, más tarde, en la Universidad de Praga (República Checa).

Estudió ingeniería mecánica, eléctrica y física, y consiguió trabajo en diversas empresas europeas, entre ellas, de ingeniero eléctrico en una compañía telefónica en Budapest en 1881. Cuentan que, mientras paseaba por el parque con un amigo, desarrolló el concepto de un motor de inducción (un motor de corriente alterna accionado por inducción electromagnética), del que desarrolló un prototipo mientras trabajaba en Estrasburgo (Francia), y que fue probado con éxito.

La guerra de las corrientes

En 1882, descubrió el campo magnético giratorio, un principio de la física que forma la base para casi todos los dispositivos que usan la energía de corriente alterna (CA) y se unió a la empresa Edison continental de París, que lo llevó a colaborar con Thomas Alva Edison. Tras un período de trabajos conjuntos breve, pero fructífero, las diferencias entre los dos científicos acabaron con la sociedad. Edison defendía un modelo de negocio eléctrico basado en la corriente continua, para lo que ya había hablado con inversores, que, en 1882, convirtieron su idea en el primer sistema de distribución eléctrica del mundo, con 110 voltios de corriente continua y 59 clientes en Manhattan. Sin embargo, Tesla creía en un modelo basado en la corriente alterna. Esta controversia pasó a la historia como la guerra de las corrientes. Aunque la razón la tenía Tesla, que había ideado un modelo mucho más eficiente, gracias al que ahora es posible encender la luz de tu casa. 

Al físico, hijo de una inventora de electrodomésticos, Djuka Mandic, y oriundo del pequeño pueblo de Smiljan, en Croacia, le acompañó durante toda su vida una idea: lograr que la energía gratuita llegara a todo el mundo. Fue precursor de todas las transmisiones inalámbricas en tiempo real y en un espacio virtual. También ideó los principios teóricos del radar, el control remoto, la turbina sin paletas y realizó investigaciones en el campo de la propulsión electromagnética y la robótica, disciplina a la que auguraba un gran futuro.

En la búsqueda de su gran obsesión, la transmisión inalámbrica de energía, en noviembre de 1890 el ingeniero consiguió iluminar un tubo vacío sin cable alguno, haciéndole llegar energía a través del aire. En 1895, diseñó la primera central hidroeléctrica en las Cataratas del Niágara, una gran victoria para la corriente alterna. Más tarde, se erigió una estatua en Goat Island en su honor.

Por si fuera poco, Tesla patentó el sistema básico de radio en 1896. No obstante, la invención se le atribuye a menudo a Guglielmo Marconi, que hizo la primera transmisión de radio transatlántica en 1901. Pero fue el serbio quien desarrolló las patentes para los elementos básicos de un transmisor de radio que fueron utilizados más adelante por Marconi. Finalmente, la Corte Suprema de Estados Unidos lo consideró el inventor original de la radio, y también el primero en tomar la primera imagen de rayos X.

Un genio excéntrico

Es considerado como uno de los genios más destacados de la historia humana, por sus enormes contribuciones al desarrollo de la técnica, muchas de las cuales son aprovechadas y utilizadas hasta nuestros días. Y también se le conoció por ser una persona bastante excéntrica: se dice que dejó de comer alimentos sólidos, que afirmó no haber dormido nunca más de dos horas seguidas, y un informe asegura que una vez trabajó durante 84 horas sin descansar.

Pese a sus grandes contribuciones a la ingeniería, Tesla murió solo y empobrecido en la habitación del hotel en el cual residía en la ciudad de Nueva York, el 7 de enero de 1943 a los 86 años de edad. Para la posteridad quedan sus logros, y sus pensamientos, increíblemente premonitorios: "Cualquier persona, en mar o en tierra, con un aparato sencillo y barato que cabe en un bolsillo, podría recibir noticias de cualquier parte del mundo o mensajes particulares destinados solo al portador; la Tierra se asemejaría a un inconmensurable cerebro, capaz de emitir una respuesta desde cualquier punto".

Beatriz de Vera
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