Al menos 75% de nuestro ADN es (información genética) basura

(Publicdomainpictures.net)

La mayor parte del genoma humano es información genética basura: de hecho, para ser más precisos, un 75% no tiene uso o importancia, según un reciente estudio del biólogo Dan Graur de la Universidad de Houston, publicado en la revista Genome Biology and Evolution.

La afirmación sobre esta condición del código genético humano había sido debatica anteriormente con estudios de 20 años. El reciente trabajo de Graur llegó a la conclusión de que se trata de información de desecho en la medida en que pudo calcular que si la mayor parte de nuestro ADN tenía un propósito, y de acuerdo con la forma en que funciona la evolución, cada humano tendría que tener un millón de niños, y casi todos tendrían que morir si se cumplieran ambas condiciones.

Pero cada año, en promedio, nacen 19 bebés por cada 1.000 habitantes de la Tierra, según cifras de la Organización Mundial de la Salud. Las cuentas no cuadran, pero el genoma humano continúa saludable.

La presunción sobre que el ADN humano era enteramente funcional proviene de la creencia asumida, cuando fue descubierto, sobre casi todos los códigos de ADN son proteínas, a la luz de que este codifica las instrucciones para fabricar proteínas. Ya en los 70 se evidenciaba que solo una pequeña proporción del genoma codifica proteínas funcionales (cerca del 1% en el caso de humanos). El resto de información genética, se pensó, podía regular la actividad de genes codificadores de proteínas. Pero alrededor del 90% de nuestro genoma sigue siendo ADN basura, sugirieron científicos en 1972 a New Scientist.

No obstante, estudios más recientes han buscado rebatir esta versión, como el del consorcio de investigadores de genómica llamado ENCODE que declaró en 2012 que un 80% del ADN en el genoma humano cumple funciones sobre la base de que registraban algún tipo de "actividad bioquímica". Graur, no obstante define el ADN como “funcional” si ha evolucionado para hacer algo útil y si una mutación que la interrumpa tendría un efecto dañino.

Estas mutaciones, producto de factores externos como la radiación UV o de procesos internos como la división celular, cambian una base de ADN por otra. Cuando ocurren en un gen, generalmente devienen en cambios perjudiciales.

Nuestras mutaciones, al ser heredadas por nuestra descendencia, pueden adelantar nuestra muerte —mientras más graves sean—. Y es porque la naturaleza corta así, de raíz, el avance de mutaciones peligrosas en la raza humana, a fin de conservarla.

Así, si la mayor parte de nuestro ADN fuera funcional, acumularíamos una gran proporción, mayor a la conocida, de mutaciones perjudiciales. Pero si la mayor parte de nuestro ADN es basura, la mayoría de las mutaciones no tendría ningún efecto.

El equipo de Graur calculó cuántos niños necesitaría concebir una pareja para que la evolución pudiera erradicar naturalmente suficientes mutaciones de nuestros genomas tan rápido como surgieran. Si todo el genoma fuera funcional, las parejas necesitarían tener alrededor de 100 millones de niños, y casi todos tendrían que morir por este proceso. Incluso si solo un cuarto del genoma humano fuera funcional, cada pareja tendría que tener casi cuatro hijos en promedio, llegando a ser solo adultos dos, para evitar que las mutaciones perjudiciales se acumulan en niveles peligrosos.

A la luz, además, de estimaciones de la tasa de mutación y la tasa media de reproducción prehistórica, el equipo de Graur calculó que solo alrededor del 8 al 14% de nuestro ADN probablemente cumpla con una función.

Estos resultados guardan concordancia con uno de 2014, que arrojó que un 8% del genoma humano es funcional. Ryan Gregory de la Universidad de Guelph en Canadá, citado por New Scientist, señala a la luz de ello que el desafío para aquellos que piensan que la mayoría del ADN no codificante es vital consiste en explicar por qué una cebolla, por ejemplo, necesita cinco veces más ADN que los humanos.

Más aún: otras especies, y no animales, superan en complejidad genética a los humanos. Por ejemplo, el trigo que comemos comúnmente en el pan, si bien tiene 42 cromosomas, estos se ubican en una estructura hexaploide, que tiene 6 copias de cada uno de los 7 cromosomas que tiene. Solo el tiempo, y nuevos estudios, aclararán si es que no necesitamos más de lo que usamos o si la cantidad de código desperdiciada es señal de que algo no funciona bien en nosotros.

Hans Huerto

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