Predecir el comportamiento lingüístico es posible... observando burbujas

(Foto: Max Pixel)

La clave para predecir patrones del lenguaje —como los relacionados a la aparición de dialectos— podrían predecirse empleando para ello las leyes de la física relacionadas con las burbujas, según un nuevo estudio de la Universidad de Portsmouth.

James Burridge, autor del documento que publica la revista Physical Review X de la American Physical Society, asegura que para adelantarse y saber dónde encontrar dialectos y por qué, “mucho se puede predecir de la física de las burbujas y nuestra tendencia a copiar a otros a nuestro alrededor.

"La copia provoca regiones de dialectos grandes donde una forma de hablar domina, donde las regiones dialectales se encuentran, se crea tensión superficial. La tensión superficial hace que el aceite y el agua se separen en capas y también hace que las pequeñas burbujas en un baño de burbujas se fusionen en las más grandes”.

Así las cosas, los hablantes también funcionan como pequeñas burbujas de acuerdo con este enfoque: cuando hablan y se escuchan, tienden a ajustarse a patrones de habla según lo que escuchan de los demás, alineando sus dialectos entre quienes habitan en su cercanía geográfica, a quienes ven y oyen a diario.

A la luz de ello, Burridge, del departamento de matemáticas de Portsmouth, formula una teoría de cómo la forma del país y la distribución de la población desempeñan un papel importante en la evolución de las regiones dialectales, como la forma del contenedor y la distribución de la espuma tendrían que determinar la acumulación de burbujas.

Estos mapas muestran una simulación de tres variantes de idioma que se distribuyen inicialmente en toda Gran Bretaña en un patrón aleatorio. A medida que pasa el tiempo (de izquierda a derecha), los límites entre variantes del lenguaje tienden a acortarse en longitud.

Los dialectólogos tradicionales usan el término "isoglosa" para describir una línea imaginaria en el mapa que separa dos regiones por características lingüísticas distintas y distintivas. Para Burridge, las isoglosas son como los bordes de las burbujas, con lo cual “las matemáticas utilizadas para describir las burbujas también pueden describir los dialectos”.

"Mi modelo muestra que los dialectos tienden a expandirse hacia fuera de los grandes centros poblados, lo que explica por qué las grandes ciudades tienen sus propios dialectos […] Es por eso que muchos dialectos tienen una gran ciudad en su corazón, cuanto más grande es la ciudad, mayor es este efecto. Es también por eso que nuevas formas de hablar a menudo se extienden hacia afuera desde un gran centro urbano”, explica el matemático, quien ha observado el fenómeno en urbes como Londres y Birmingham, las dos ciudades inglesas más pobladas.

Con cerca de 8 millones de habitantes, ciudades como Londres, donde habitan poco más de 4.500 habitantes cada kilómetro cuadrado, son terreno donde los ciudadanos experimentan interacciones más frecuentes con los locales que con los que viven fuera, simplemente porque hay más habitantes de la ciudad con los que interactuar.

Cada línea negra es una "isogloss" generada por el modelo de Burridge. Una isogloss es una línea que separa regiones donde un rasgo lingüístico domina (por ejemplo, la forma en que se pronuncia la “Z”).

El modelo también muestra que los límites de la lengua se vuelven más suaves y rectos con el tiempo, lo que estabiliza los dialectos.

Hans Huerto

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