Dos estudios analizan la idea de ‘hackear’ el clima para salvar el planeta, ¿es seguro?

Snowpiercer (2014) muestra una era del hielo desatada por un accidente en un intento de combatir el calentamiento global.
Moho Films

El filme Snowpiercer (2014) , o El Expreso del Miedo en español, muestra un futuro distópico en el que el planeta atraviesa una era glacial causada accidentalmente por una manipulación climática para reducir los efectos del calentamiento global. Los últimos sobrevivientes de aquella catástrofe viven en un tren larguísimo con un motor de duración ilimitada, donde los más ricos habitan la parte delantera y los más pobres y explotados viven apiñados en el vagón trasero. 

La posibilidad de enfrentar un escenario parecido, con un mundo helado e inhóspito,  es la que hace las propuestas de “manipular” el clima tan controvertidas, aun tomando en cuenta que se necesitan medidas radicales para frenar el calentamiento global acelerado por la humanidad.

Los reparos son necesarios 

Por ello esta semana, dos estudios independientes analizaron la idea: uno a partir de simulaciones por computadoras con un ‘coctel’ de técnicas, y otro realizando un experimento a pequeña escala para entender qué tan práctica y segura podría ser la idea.

Las discusiones sobre lo planteado se dan en el campo de la geoingeniería, una etiqueta para una serie de métodos que plantean manipular los cruciales procesos que regulan el clima. Las estrategias sugeridas incluyen esparcir pequeñas partículas con propiedades reflectoras que reducirían la cantidad de energía solar que pasa hacia superficie. Aquellas partículas imitarían los efectos de vientos provenientes de erupciones volcánicas y en cuestión de años, enfriarían el planeta.

¿Dispararía esto, en caso de perder el control, una indeseada era del hielo? ¿Si es el calentamiento global un fenómeno acelerado de forma no natural, sería correcto ‘hackear’ el clima? El 2015, las National Academies of Sciencies, Engineering and Medicine adviertieron de las posibles amenazas que esto podría traer consigo, aunque alentaron a investigar más sobre sus riesgos y potencial. Entre las ventajas se halló que la acción podría mejorar los cultivos; aunque las desventajas mostraron que la pasarían otros rubros, como el caso de los sistemas de energía solar. Además, el método no ayudaría con problemas como la acidificación del océano y lo que es peor: no se sabe qué otras consecuencias podría traer a gran escala. 

Primer estudio: tests a pequeña escala

Para abordar estas dudas, un equipo de la Universidad de Washington investiga el ‘blanqueamiento de las nubes marinas’ para lo que creó un test de factibilidad. Su trabajo fue publicado en Earth's Future. El proceso, esparciendo agua salada en el aire, podría hacer las nubes más brillosas. Esto a su vez reflejaría más los rayos solares, y proveería información de cómo interactúan las nubes y aerosoles. “Un test controlado podría medir qué tanto se puede alterar las nubes”, indicó Rob Wood, autor del trabajo. 

Se espera desarrollar una boquilla de aire que reduzca el agua salada en pequeñas gotas y rociarlas con spray en la atmósfera alta por billones cada segundo. Se harían por tres años tests en el laboratorio antes de empezar al aire libre y lejos de la orilla. Si la tecnología funciona, eventualmente se desplegará en partes oceánicas mayores. 

Segundo estudio: las nubes de cirros

El segundo estudio, de Carnegie Institution y publicado en Science, se enfocó en dos tipos de geoingeniería: el adelgazamiento de nubes cirros, que actúan como un manto y atrapan el calor cercano a la Tierra, y la geoingeniería solar, donde la luz es dispersada por partículas de aerosoles. Ambas técnicas, con potencial para enfriar la Tierra, traen consigo el riesgo de perturbar el ciclo de las precipitaciones. La técnica solar, se halló, reduciría las lluvias demasiado, mientras que las nubes cirros no hacen lo suficiente para reducir el incremento de lluvia causado por el calentamiento global. 

Por ello, el equipo realizó distintas simulaciones, probando usar ambos métodos al mismo tiempo. El resultado fue interesante: el calentamiento caería a niveles preindustriales, y los niveles de lluvia serían los mismos, en promedio. Esto, por otro lado, no garantiza que todo irá a la perfección: la palabra “promedio” no garantiza que los niveles sean normales en todo el globo (en algunos lugareas podría haber aumento y en otros disminución), por lo que podrían haber desbarajustes en lugares no-preparados para estos cambios. Los autores creen que aun se necesitan generare modelos más complejos de geoingeniería, aunque la mejor solución es “dejar de estar generando más y más gases del efecto invernadero en nuestra atmósfera”. 

Si bien la geoingeniería es, por consenso general, un método de altos riesgos, debe ser estudiada como una alternativa en un caso extremo. Así, si el mundo no puede reducir los efectos del cambio climático de una forma más ‘natural’ o en caso estos nos golpeen más pronto o más duro de lo esperado, la ciencia nos podría proveer de alternativas algo más radicales para intervenir en el clima. Podríamos echar mano de ellas, claro está, siempre y cuando no hagan del mundo uno como el de Snowpiercer, y tengamos que acabar atascados en un interminable ferrocarril. 

Daniel Meza
Si te gustó esta noticia, entérate de más a través de nuestros canales de Facebook y Twitter

Novedades

Suscríbete

Déjanos tu mail para recibir nuestro boletín de noticias

La confirmación ha sido enviada a tu correo.