¿Siempre cansado? Ahora podrás descartar fatiga crónica con test de sangre

(Flickr)

Aunque no hay estudios concluyentes sobre una mortalidad aumentada asociada al síndrome de fatiga crónica, lo cierto es que este desorden —propiamente llamado encefalomielitis miálgica— azota a millones en todo el mundo y sobre sus causas solo hay sospechas que las relacionan con la inflamación.

Métodos de alto rendimiento ahora nos permiten indagar en el sistema inmunológico humano para reconocer múltiples marcadores de la inflamación a una escala que no era posible anteriormente y con ello determinar la ocurrencia del síndrome. Ello, de acuerdo con un trabajo publicado en PNAS.

Para ello, se estudió a fondo las características y comportamiento de las citocinas en pacientes con fatiga crónica. Estas son proteínas segregadas por un determinado grupo de células, que actúan sobre otras células en diversos escenarios, disparando o recortando la inflamación.

A fin determinar si determinadas citocinas en el suero sanguíneo podrían estar asociadas con el síndrome y con la gravedad de la enfermedad y la duración de la fatiga, se midieron citocinas de 192 pacientes y 392 controles sanos utilizando una matriz de 51 multiplex en un sistema Luminex.

Los datos preprocesados de cada citoquina fueron cruzados con covariables por edad, sexo, raza y una propiedad de ensayo de importancia nuevamente descubierta: unión no específica. En promedio, la TGF-β se mostró elevada (P = 0,0052) y la resistina tuvo una presencia menor (P = 0,0052) en los pacientes en comparación con los controles. Diecisiete citoquinas tuvieron una tendencia lineal ascendente estadísticamente significativa que se correlacionó con la severidad del síndrome.

Trece de estas citoquinas son proinflamatorias y pueden contribuir a muchos de los síntomas que experimentan estos pacientes durante varios años. En general, sólo una citoquina fue consistentemente mayor en las personas con SFC. Pero cuando se tomó en cuenta la gravedad, otras 16 surgieron del análisis como vinculadas a la condición. Por ejemplo, tres veces más de la hormona del apetito leptina, que es parte de la familia de las citoquinas, estaba presente en personas con casos muy graves de CFS.

José Montoya, autor del trabajo y especialista de la Universidad de Standford, señala que los resultados apoyan la creciente evidencia de que el síndrome es una condición fisiológica, no un trastorno psicosomático: "Esta es una enfermedad que no se cura con tratamientos psicológicos, consejería o medicamentos antidepresivos".

El equipo de Montoya quiere utilizar los biomarcadores para desarrollar formas de diagnosticar la encefalomielitis miálgica, y controlar su gravedad, con solo un examen de sangre. Este enfoque puede ayudar además a identificar nuevos tratamientos sobre la inflamación, señala.

Hans Huerto

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