Cuán peligrosos son los piojos de mar, responsables de esta imagen viralizada

Con 25 cm de largo y 200 gr de peso, una piraña difícilmente supone una amenaza para la vida de un bañista descuidado. No obstante, un ataque en cuerpos de agua de escaso volumen, donde la concentración de estos animales puede aumentar y llegar a concitar hordas de 300 a 500 ejemplares, y en temporadas donde la comida escasea, pueden significar el último gran chapuzón de cualquiera: les bastaría unos minutos para acabar con una persona de 80 kgs.

Claro, pese a la mala fama de las pirañas, los ataques de este tipo no son de los más comunes, pues las condiciones mencionadas deben coincidir para que un ataque sea inminente.

Mucho menos peligroso podría resultar, a primer pensamiento, el ataque de un piojo marino. Un ejemplar de buen tamaño no debería sobrepasar los 4 cm de longitud. No obstante, en pandilla, la historia es otra.

La historia es una que ha dado la vuelta al mundo: las fotos de las pantorrillas y pies ensangrentados del australiano Sam Kanizay son la prueba patente de que estos minúsculos crustáceos carroñeros son capaces de causar serios estragos en cualquiera, cuando te los topas en el agua y se dan las condiciones adecuadas.

Las lesiones causadas (AAP)

Para entender el ataque sufrido por este adolescente, que declara haberse zambullido en las aguas de la playa Brighton en Melbourne, buscando refrescarse tras un partido de fútbol, lo primero es presentar al villano de turno.

El anilocra physodes es un crustáceo dentado, un isópodo que es conocido como el carroñero de los mares. En grupo, este pequeño se encarga de arrasar con animales y plantas muertos en el lecho marino y previene que sus hábitat se conviertan en grandes basureros de organismos en descomposición.

El Atlántico Norte y el Mar Mediterráneo son lugares comunes donde encontrarlo, aunque no siempre tan cerca a la orilla y zona de veraneantes en una playa, dado su comportamiento natural. Pero no son para nada ajenos a los problemas, tampoco.

La pequeña bestia marina.

Se les ha relacionado con el perjuicio a diversas especies marinas, en los casos en que llegan, arrastrados producto de corrientes marinas, a lugares a donde sus concentraciones aumentan y la comida escasea. Este fue el caso registrado en junio del año pasado en México. Ahí, autoridades de la Universidad Internacional de la Florida, el Departamento de Salud de Florida y la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), alertaron sobre la llegada masiva de estos animales a la costa del Golfo de México, por el peligro que representarían para peces y bañistas. En aquel entonces, se relacionó su llegada, en estas condiciones inusuales, al calentamiento de las aguas en esta zona del Océano Atlántico.

Pese a ello, casos como el registrado en Australia son infrecuentes. El padre del afectado, sorprendido por el ataque, y sin muchas certezas sobre lo que lo habría causado, recolectó unos ejemplares cerca de donde fue atacado su hijo, empleando unos trozos de carne cruda para atraer a decenas de piojos y recogerlos con una canastilla.

Y es que de que muerden, muerden, pues esa es precisamente su labor en la naturaleza: engullir carroña. Eventualmente pueden morder si se encuentran en la cercanía de un bañista, causando irritación y picor en la piel, como se ha registrado en el reciente brote en el Golfo de México.

El caso registrado en Melbourne parece ser más bien uno en el que una serie de desafortunados factores han coincidido.

Hans Huerto

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