El bullying afecta dramáticamente los ciclos de sueño

(Flickr)

Los hostigamientos no solo podrían causar estados anímicos peculiares en quienes sufren bullying: una investigación del McLean Hospital muestra en un modelo animal que puede alterar el sueño y otras funciones del ritmo circadiano —el que regula los ciclos diurnos y nocturnos de nuestro organismo— síntomas característicos de la depresión clínica y otras enfermedades mentales inducidas por el estrés.

William Carlezon, jefe de la División de Neurociencias Básicas del McLean Hospital y autor principal del estudio publicado en la revista Journal of Neuroscience, señala que algunas de estas consecuencias son revertidas a corto plazo, aunque los efectos de otras son más duraderos, por lo que su estudio es vital para el diseño de “métodos para contrarrestar los efectos duraderos de las experiencias traumáticas en la salud mental".

El modelo animal empleado en el estudio simulaba los factores físicos y emocionales relacionados con el estrés del acoso, estrés crónico por derrota social: un ratón más pequeño y joven era juntado con uno más grande, viejo y agresivo. Cuando el más pequeño entraba a la jaula del más grande, este, instintivamente, protegía su territorio.

Entonces, empezaba una persecución y hostigamiento que acababa con el sometimiento en el suelo del más chico, estableciendo su dominio el ratón más grande.

Tras ello, los roedores eran separados en la misma jaula, mediante una barrera transparente que les permitía verse, olerse y oírse entre sí, sin tocarse. Así, bajo amenaza constante, dejan al ratón más pequeño por 10 días, cambiando a diario de agresor.

Los ratones acosados contaron durante este tiempo con transmisores que permitieron monitorear su ejercicio, frecuencia cardíaca, temperatura y sueño, lo que reveló que los cambios progresivos en sus patrones de sueño. El número de veces que los ratones entraron y salieron de una fase de sueño llamada sueño paradójico, que se asemeja al sueño REM (movimiento ocular rápido) en los seres humanos, aumentó sensiblemente. Estos episodios son parecidos al tipo de trastornos del sueño a menudo vistos en personas con depresión. Asimismo, su temperatura empezó a mostrar cada vez menos variaciones a lo largo del día.

Los cambios persistieron incluso tras ser removidos del ambiente amenazante, lo que sugiere síntomas parecidos a los observados en personas con depresión a largo plazo, según Carlezon: "Estos efectos se redujeron, sin embargo, en términos de intensidad y duración, si los ratones habían sido tratados con un antagonista de los receptores kappa-opioides, un fármaco que bloquea la actividad de uno de los propios sistemas de opioides del cerebro [y que produce disforia, analgesia]".

Ello abre una posibilidad de combatir los efectos del bullying, que, hasta hace poco, no habían sido relacionados con el sueño por ejemplo: “El estudio podría apresurar el ritmo de los avances en la investigación psiquiátrica. Si podemos eliminar el estrés con nuevos tratamientos [como los receptores kappa-opioides], podríamos ser capaces de prevenir algunas formas de enfermedad mental”, señala el autor.

Hans Huerto

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