Chimpancés juegan a piedra, papel, tijera como niños de cuatro años

(Springer)

Para jugar cualquier juego, necesitas tener un conocimiento básico de las reglas. Pero la forma en que aprendemos y procesamos esas reglas es un proceso fascinante en sí mismo, que los científicos pueden usar para investigar el aprendizaje en animales.

Ahora, científicos de la Universidad de Kyoto (Japón) han demostrado que los chimpancés (Pan troglodytes) pueden aprender la relación entre las tres señales de mano que usamos para jugar a Piedra, papel , tijera, como lo harían los niños de cuatro años. El estudio ha sido publicado en Primates.

El equipo, dirigido por investigadores, empleó a siete chimpancés de ambos sexos y varias edades, todos residentes del Instituto de Investigación de Primates de la universidad nipona, familiarizados previamente con tareas controladas por ordenador.

A los chimpancés no se les enseñó a hacer las señales de mano que usamos para jugar, sino que se les presentaron imágenes de estas señales en una pantalla, retratada tanto con manos de chimpancé como humanas.

Cada cuadro mostraba dos de las tres señales de mano, y los chimpancés tenían que indicar cuál de ellas ganaría: papel sobre piedra, tijeras sobre papel y piedra sobre tijeras. Así comenzó el proceso de aprendizaje: tras tocar las imágenes con la jugada ganadora, los animales eran recompensados ​​con un pedazo de manzana y un sonido de timbre, o penalizados con un timbre de error y ningún alimento. Realizaron 48 ensayos por sesión, tres veces al día, y las diferentes señales se mezclaron progresivamente en complejidad a medida que los chimpancés aprendían las relaciones entre ellos.

Cinco de los siete chimpancés completaron el programa de entrenamiento con imágenes de patas de chimpancés y, una vez que las dominaron, también con manos humanas. Para lo que fue necesaria una media de 307 sesiones de entrenamiento.

Como niños de preescolar

Para ver cómo era su capacidad de aprendizaje en comparación con los niños humanos, los investigadores experimentaron con la enseñanza de este mismo conjunto de reglas de juego a 38 niños en edad preescolar, con edades comprendidas entre tres y seis años.

La configuración era similar, excepto que los experimentos se llevaron a cabo en un jardín de infantes y los niños no fueron recompensados ​​con un pedazo de manzana, solo un sonido de victoria y una imagen de chimpancés felices, así como una pequeña recompensa por su participación, pegatinas de dibujos animados, independientemente de su rendimiento.

En comparación con los chimpancés, la mayoría de los niños comprendió las reglas muy rápidamente, con solo cinco sesiones de 12 ensayos. Pero su éxito estaba fuertemente correlacionado con la edad: cualquier persona de menos de cuatro años se desesperaba, "el problema circular es muy difícil para los niños menores de 4 años", concluyeron, señalando que también es posible que los niños mayores pudieran estar ya familiarizados con el juego.

En general, los investigadores concluyeron que una vez que los chimpancés han aprendido los fundamentos, su dominio del juego era tan bueno como el de los niños. "El rendimiento de los chimpancés durante las sesiones de pares mixtos fue similar al de los niños de cuatro años de edad", dice el investigador principal Jie Gao.

Los resultados del equipo se basan en estudios previos que investigan cómo otros animales pueden aprender relaciones circulares y esperan que hayan establecido el terreno para futuras investigaciones sobre el tema.

Sin embargo, este primate no es el que más se parece al ser humano. Similitudes en el ADN hacían sospechar a los científicos que, de todos los primates que existen, el más cercano al Homo Sapiens era el bonobo (pan paniscus) y no el chimpancé común (pan troglodytes). En mayo, un trabajo de la Universidad George Washington (EE UU) confirmaba esta relación de los bonobos con los humanos comparando en detalle la anatomía de las tres especies.

El artículo, publicado en Scientific Reports, indica que la musculatura de los bonobos está más estrechamente relacionada con la anatomía humana que la de los chimpancés, es decir, que sus músculos han evolucionado menos a partir del antepasado que tenemos en común. Los científicos creen que el linaje de los humanos modernos y el que dio lugar a los chimpancés y bonobo se dividieron hace unos 8 millones de años y que, tras esta separación, los chimpancés y los bonobos desarrollaron diferentes rasgos y características físicas, incluso permaneciendo geográficamente cerca, cada especie a una orilla del río Congo.

Beatriz de Vera
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