TRAPPIST-1 es más viejo que nuestro sistema solar y su edad complica la vida ahí

(NASA).

Cuando en febrero de este año el telescopio espacial Spitzer de la NASA reveló al mundo un sistema solar a tan solo 39 años luz del nuestro, como potencial hogar de siete planetas Tierra, la ilusión por poder observar y encontrar vida alienígena “a la vuelta de las esquina” se disparó, literalmente, a los cielos. Se trataba del más grande conjunto de planetas potencialmente habitables, del tamaño del nuestro y relativamente cerca en el vasto universo. Casi medio año después, las aguas se van aquietando en la medida en que nuevas observaciones revelan aspectos de TRAPPIST-1 que complicarían la aparición y subsistencia en la actualidad de vida en sus planetas.

Y ello tiene que ver con la edad de la estrella alrededor de la cual gira todo. Ubicada en la constelación de Acuario, más de 378 billones de kilómetros de nuestro planeta, TRAPPIST-1, la estrella enana ultrafría, alumbra un vecindario planetario de siete cuerpos con una masa más o menos cercana a la de la Tierra. Solo tres de estos se ubican en la zona de habitabilidad, esto es, a una distancia del astro que les permitiría conservar agua en estado líquido y una atmósfera que proteja de la radiación y rayos cósmicos a las eventuales formas de vida.

En un inicio, se estimó que la estrella debía tener unos 500 millones de año, siendo con ella una relativamente joven (nuestro Sol ostenta 4.600 millones). Ello hubiera implicado un sistema solar con órbitas planetarias inestables y una estrella mucho más activa, incluso emitiendo más a menudo fulguraciones solares, súbitas descargas de energía electromagnética (que se traducen en explosiones brillantes en las superficies de una estrella) que, en caso de no contar con una atmósfera o de ser esta aún incipiente, pueden freír la superficie de un planeta.

Esta edad fue calculada en base a que estrellas de masa inferior como TRAPPIST-1 (tiene aproximadamente 8% de la del Sol) se toman más o menos ese tiempo en contraer su tamaño al mínimo, llegando a ser apenas más grande que Júpiter. Sin embargo, la proyección no era concluyente y otros factores como las órbitas planetarias debían ser observados y considerados para estimar la posibilidad de vida en alguno de los planetas del sistema.

La velocidad con que la estrella se mueve en su órbita alrededor de la Vía Láctea (las estrellas más rápidas tienden a ser más viejas), la composición química de su atmósfera y el número de destellos de TRAPPIST- 1 durante los períodos de observación sirvieron para acercarse más a la edad aproximada de la estrella.

Las recientes estimaciones arrojan que TRAPPIST-1 es bastante antigua: entre 5,4 y 9,8 millones de años, esto es, hasta más del doble de vieja que el Sol, con lo que sus planetas serían incluso anteriores a la Tierra (de 4.500 millones de años de antigüedad).

Ello, de acuerdo con un documento publicado en la revista Astrophysical Journal. Ahí, un equipo de la Universidad de San Diego, California, y del programa de Exploración Exoplanetaria de la NASA, instalado en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, Pasadena, California, muestran resultados que ayudan a limitar la evolución del sistema TRAPPIST-1. “El sistema debe haber persistido durante miles de millones de años, lo que significa que los planetas tuvieron que evolucionar juntos, de lo contrario [el sistema] se habría desmoronado hace mucho tiempo", dijo Adam Burgasser, astrónomo de la Universidad de California y primer autor del estudio, a la NASA, según un comunicado de prensa.

Siendo una estrella vieja, los planetas estarían menos expuestos a fulguraciones solares, pues astros del tipo enano ultrafrío mantienen su brillo y calor relativamente estables por miles de millones de años (de hecho, son estrellas que aunque más pequeñas que el Sol —una enana amarilla— tienen a un tiempo estimado de vida de 13.600 millones de años, frente a los 10.000 de nuestro astro).

No obstante sin la protección de una atmósfera, el calor de la estrella en todo ese tiempo podría haber evaporado el agua (la misma cantidad que la de los océanos de la Tierra) en los planetas de la zona habitable. De hecho, el equivalente a un océano de la Tierra puede haberse evaporado en cada planeta de TRAPPIST-1 excepto en los dos más distantes de la estrella, g y h. Al igual que, Marte en nuestro sistema solar, la mayoría en TRAPPIST-1 podría haber perdido el agua líquida en su superficie en el pasado a causa de la radiación de alta energía del Sol durante miles de millones de años, que también podría haber acabado con su atmósfera.

Otra posibilidad más feliz para la vida ahí es que, dado que los planetas TRAPPIST-1 tienen densidades más bajas que la Tierra, estos podrían haber conservado grandes depósitos de moléculas volátiles como el agua que pudieran producir atmósferas densas que protejan a la superficie de la radiación y redistribuyan el calor a los lados oscuros de estos planetas. Claro, este calentamiento bien podría también haber dado pie a un efecto invernadero en que el planeta se sobrecaliente.

En ambos escenarios, lo cierto es que si hay vida, esta debe ser una bastante resistente, pues tendría que haber sobrevivido a las referidas duras condiciones por miles de millones de años.

Solo la observación de las atmósferas y la certeza en cuanto a la densidad de los planetas rocosos que pueblan el sistema solar TRAPPIST-1 nos darán, en un futuro cercano, mayores alcances sobre la posibilidad de que aún subsista vida en ellos.

Hans Huerto

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