Científicos hallan la hormona que podría comunicar el intestino con el cerebro

Tracto intestinal. /Wikipedia

Es mucha la literatura científica que vincula la función cerebral con la composición de nuestras bacterias intestinales, pero cómo funciona esa relación es todavía un misterio. Ahora, un equipo de investigadores de la Universidad de Illinois (EE.UU.) ha descubierto lo que parece un canal de comunicación entre los microbios intestinales y el cerebro, y creen que conocer el funcionamiento de esta vía puede ayudar, en última instancia, a explicar cómo se desarrolla el autismo.

Los autores del estudio, publicado en Gut Microbes, han encontrado que el cortisol, conocido como hormona del estrés, podría actuar como un enlace entre estas bacterias y los productos químicos encargados de las funciones neuronales. Estos productos, llamados metabolitos cerebrales o neurometabolitos, son cruciales para ayudar al cerebro a funcionar y crecer.

Para examinar cualquier posible asociación entre las bacterias intestinales y compuestos en la sangre y el cerebro, los investigadores estudiaron 24 crías de cerdo de un mes de edad, que tienen fuertes similitudes con los bebés humanos en términos de desarrollo intestinal y cerebral. Utilizando la espectroscopia de resonancia magnética para identificar concentraciones de neurometabolitos, el objetivo era encontrar cualquier asociación con las bacterias intestinales de los cerdos.

Ruminococcus y autismo

El análisis produjo una serie de enlaces. Las bacterías de los géneros Bacteroides y Clostridium produjeron mayores concentraciones de un químico del cerebro llamado mioinositol, mientras que las de Butyricimonas produjo uno llamado n-acetilaspartato (NAA, un marcador neuronal, que disminuye en casos de daño o pérdida de neuronas), y una abundante presencia de bacterias Ruminococcus se asoció con menores concentraciones de NAA.

Lo importante, según los autores, es que estas últimas están involucradas en una serie de procesos químicos metabólicos, que se han vinculado previamente con el trastorno de autismo. Utilizando un método estadístico llamado análisis de mediación para examinar los lazos entre las bacterias Ruminococcus y la molécula NAA en particular, los investigadores encontraron que las bacterias utilizan cortisol para comunicarse y hacer cambios en el cerebro.

Los investigadores son cautelosos con sus conclusiones, sobre todo porque esta investigación se basa en un análisis estadístico centrado en los lechones, y reconocen que es posible que no hayan datos contundentes hasta que futuros ensayos clínicos puedan replicar estos hallazgos. Sin embargo, este tipo de vía puede ayudar en última instancia a explicar cómo las bacterias se han asociado con cualquier número de condiciones, incluyendo accidentes cerebrovasculares, enfermedad de Parkinson, síndrome del intestino irritable, síndrome de fatiga crónica, entre otros. 

Se estima que 1 de cada 160 niños sufre trastorno del espectro autista (TEA) en todo el mundo. Los científicos llevan años estudiando los factores genéticos y ambientales que pueden causar esta enfermedad. En mayo, un pequeño pero prometedor ensayo clínico realizado en la Facultad de Medicina de la Universidad de California (EE.UU.) demostró que un fármaco de 100 años llamado suramina puede mejorar los síntomas de TEA en niños. Según los investigadores, es la primera vez que estamos tan cerca de tener un medicamento para el autismo. Los investigadores de estudio, publicado en Annals of Clinical and Translational Neurology, coinciden con esta nueva investigación en que los síntomas del autismo podrían ser provocados por una disfunción metabólica, lo que provoca una interrupción en la comunicación entre el cerebro, el intestino, y el sistema inmunológico a nivel celular.

Beatriz de Vera
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