En 2050, la mayoría del planeta podría funcionar enteramente con renovables

"Los beneficios son tan grandes que debemos acelerar la transición al viento, agua y energía solar, lo más rápido posible", aseguran. /Pxhere

Últimamente, las noticias medioambientales no muestran un panorama muy esperanzador. El cambio climático amenaza especies y las temperaturas globales podrían ser letales permanentemente en las zonas más ecuatoriales del planeta. Pero ahora, un rayo de luz ilumina el panorama: casi tres cuartas partes de los países del mundo podrían ser alimentados enteramente por fuentes de energía renovables para el 2050, si nos lo proponemos firmemente, de acuerdo con una ambiciosa hoja de ruta realizada por un equipo internacional de científicos. De conseguirlo, el futuro libre de emisiones crearía millones de empleos, reduciría miles de millones de dólares en costes de salud y clima y ayudaría a salvar el planeta del calentamiento global.

Las estimaciones, publicadas en la revista Joule y realizadas por un equipo de casi 30 científicos encabezados por Mark Z. Jacobson, de la Universidad de Stanford (EE.UU.) y cofundador del proyecto sin fines de lucro The Solutions Project, se basan en una evaluación de las capacidades de 139 países para la hacer transición al 100% de energía obtenida del viento, agua y sol en las próximas algo más de 3 décadas.

Si bien esta idea propone una revisión de gran alcance de la infraestructura energética existente mayor de la que requiere el acuerdo sobre el clima de París de la ONU (COP21), los investigadores dicen que hay razones convincentes para hacer el esfuerzo. "Nuestros hallazgos sugieren que los beneficios son tan grandes que debemos acelerar la transición al viento, agua y energía solar, lo más rápido posible", comenta uno de los miembros del equipo, Mark Delucchi de la Universidad de California, Berkeley (EE.UU.).

De llevarse a acabo, los investigadores anticipan que se crearían unos 24 millones de puestos a tiempo completo en las energías renovables, pero no solo eso: aseguran que este cambio repercutiría favorablemente en nuestra salud, debido a la disminución de emisiones de combustibles fósiles contaminando la atmósfera. El equipo afirma que esta reducción por sí sola podría reducir las muertes debido a la contaminación del aire en hasta 4,6 millones anuales.

Detener el ascenso de temperatura global

Y, a largo plazo, estas recomendaciones podrían bloquear la meta de la COP21 de mantener el aumento de las temperaturas mundiales a menos de 1,5ºC por encima de los niveles preindustriales este siglo. "Aunque en el caso de un par de pequeños países con poblaciones muy altas, esto podría requerir la importación de energía de su vecino o el uso de una cantidad inusualmente alta de energía costa afuera", dicen los autores.

Según los científicos, los países que poseen más superficie terrestre, con respecto al tamaño de sus poblaciones, disfrutan de mayor flexibilidad para encontrar sitios adecuados para instalaciones solares, eólicas e hidroeléctricas. La investigación se basa en una hoja de ruta anterior de Estados Unidos, que mostró cómo sus 50 estados podrían hacer el mismo tipo de transición de renovables para 2050. Aunque la hoja de ruta de 139 países ha sido una empresa masiva, el equipo no tiene intención de detenerse allí.

Si se hace el esfuerzo y las estimaciones de este grupo de expertos son correctas, quizá podríamos salvarnos de la condena. Pero a principios de este mes de agosto, un estudio publicado en Nature Climate Change, dibujaba un panorama más terrorífico: según los autores, investigadores de la Universidad de Washington (EE.UU.), existe un 90% de probabilidades de que a finales del siglo XXI, la temperatura media del planeta haya aumentado entre 2 y 4,9º C. Sus previsiones más concretas hablan de 3,2 grados, mucho más del límite establecido en el pacto firmado en la capital francesa. Para llegar a estas conclusiones, el equipo ha utilizado simulaciones por ordenador y observaciones directas del clima del planeta, como la capacidad de los océanos para absorber dióxido de carbono, el balance energético del planeta o la contribución de las partículas finas en la atmósfera.

Beatriz de Vera
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