Como delfines y murciélagos, los humanos podemos ver con ecolocalización

Delfines. /Pxhere

Los murciélagos, los delfines y algunas especies de ballenas, tienen una habilidad innata llamada ecolocalización, utilizada para la navegación y la búsqueda de alimentos en la oscuridad. Cuando un animal produce un sonido determinado, los ecos que produce le dan infomación suficiente para hacerse una idea de como es su entorno, aunque no puedan verlo. Pues bien, este no es un superpoder exclusivo de estos mamíferos, ¿sabes que tú también lo tienes?

Un nuevo estudio, publicado en PLOS Computational Biology, presenta la primera descripción detallada de la ecolocalización humana, incluyendo las características acústicas y el rango espacial de los sonidos que emitimos. La investigación, realizada por investigadores de las universidades de Durham y de Birmingham (Reino Unido), se centra en tres adultos ciegos que fueron entrenados con la experiencia de la ecolocalización. Desde la edad de 15 años, los tres han utilizado esta capacidad en su vida diaria, empleando la técnica para actividades como ir de excursión, visitar ciudades desconocidas y montar en bicicleta.

Hombres murciélago

Aunque la existencia de la ecolocalización humana está bien documentada, los detalles de los mecanismos acústicos subyacentes no han estado claros. El más famoso hombre murciélago real es Daniel Kish, que perdió la vista cuando solo tenía un año. Kish se convirtió en una sensación de Internet, escalando montañas, montando bicis y viviendo solo en el desierto usando esta extraordinaria habilidad para imaginar su entorno con una precisión increíble. Pero no hace falta carecer del sentido de la vista para desarrollarla. En el nuevo estudio, los autores se propusieron proporcionar descripciones físicas de los sonidos que emitían con la boca cada uno de los tres participantes durante la ecolocalización. De esta manera, registraron y analizaron las propiedades acústicas de varios miles de chasquidos, incluyendo el camino espacial que tomaron las ondas de sonido en una habitación acústicamente controlada.

El análisis de las grabaciones reveló que estos ruidos presentaban un patrón acústico distinto, más enfocado en su dirección que el del habla humana. Los chasquidos eran breves (alrededor de tres milisegundos) y sus frecuencias más fuertes eran entre dos a cuatro kilohertzios, con algo de fuerza adicional de alrededor de 10 kilohertzios. Los investigadores también emplearon las grabaciones para proponer un modelo matemático que podría utilizarse para sintetizar estos sonidos para "crear ecolocadores humanos virtuales", apuntan los científicos. 

Los avances de la ciencia hacen que, de vez en cuando, tengamos que poner en cuarentena aquello que aprendimos de pequeños. Por ejemplo, que el ser humano tiene cinco sentidos: olfato, gusto, vista, oído y tacto. Basta una búsqueda rápida en Internet para que todo el conocimiento de la infancia nos explote en la cabeza: hay fuentes que hablan de hasta 26 sentidos. Lo cierto es que esta teoría parece pobre, todo lo que percibimos y lo que hemos sido capaces de hacer con ello, no parece que pueda depender solo de cinco órganos del cuerpo, pero, aún así, nos encantaría tener algunas de las desarrolladas capacidades que presentan muchos animales en la naturaleza, que nos recuerdan más detenidamente a los admirables personajes de ficción de nuestros comics. ¿Magnetopercepción? ¿Visión térmica? No, no son invenciones de Marvel, los animales que te presentamos en el artículo que puedes lees aquí tienen estos sentidos. Y los usan. 

Beatriz de Vera
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