Hallan antidepresivos en el cerebro de peces del río Niágara

Científicos han descubierto antidepresivos en el cerebro de los peces que habitan el río Niágara. Estas sustancias entran a las vías fluviales, por los sistemas de tratamiento de aguas residuales, y pueden afectar la estabilidad del ecosistema alterando el comportamiento animal. El estudio fue publicado en la revista Environmental Science & Technology.

El aumento de uso de fármacos en EE. UU. tiene consecuencias en el medio ambiente. Los antidepresivos y sus metabolitos no son atrapados completamente por los sistemas de tratamiento y eventualmente caen en las vías fluviales. El hecho de que estas sustancias estén presentes en el agua hace surgir la pregunta sobre su acumulación en los organismos vivos y la posible influencia sobre ellos.

Los autores de la investigación se comprometieron a estudiar esta cuestión con más detalle y encontraron antidepresivos y sus metabolitos en el cerebro de diez especies de peces capturados en el río Niágara. Además del cerebro, los científicos midieron la concentración de antidepresivos en el hígado, los músculos y las gónadas, donde también notaron el aumento de estas sustancias. La mayor concentración de norsertralina, que es un metabolito de la sertralina, una sustancia activa en la preparación de Zoloft, se encontró en el pez perca de roca Ambloplites rupestris -unos 400 nanogramos por 1 gramo de cerebro. Pero aparte de esta sustancia, los científicos han descubierto citalopram y norfluoxetina.

Otras investigaciones ya han demostrado que los antidepresivos pueden influir en el comportamiento alimentario y los instintos de supervivencia de los peces. Por ejemplo, algunos peces dejar de reaccionar ante la presencia de depredadores. Tales cambios de comportamiento pueden destruir el equilibrio entre especies. Es cierto que estos resultados mencionados en otras investigaciones se obtuvieron en laboratorio y no en la naturaleza. Y se aplicaron concentraciones más altas de sustancias que las encontradas en este estudio. Sin embargo, los autores señalan que, en los organismos que habitan en la naturaleza, los antidepresivos se acumularon no de forma inmediata, sino durante un largo período de tiempo, y las concentraciones de estas sustancias fueron superiores a las registradas en el río, por lo que los riesgos surgen no por la dosis de la sustancia, sino a su efecto a largo plazo.

Los antidepresivos en el cerebro del pez no representan una amenaza para los seres humanos al comer pescado. En primer lugar, porque pocas personas lo comen, y en segundo lugar, las concentraciones son demasiado bajas para afectar de alguna manera al cuerpo humano. Pero los riesgos para los ecosistemas naturales  -porque estas sustancias se acumulan no solo en los peces, sino también en otros animales-, es más difícil de estimar y predecir. Los autores creen que es necesario cambiar los métodos de tratamiento de aguas residuales para evitar el ingreso de estos fármacos en los embalses.

Nadezhda Potapova

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