Resuelto el misterio de la distribución del oxígeno en la Vía Láctea

El gradiente de oxígeno se mantiene prácticamente constante hasta una distancia de 55.500 años luz del centro de la Vía Láctea. /IAC

Cuando se formó el Universo solo había dos elementos químicos en cantidades apreciables: hidrógeno y helio. El resto se ha ido formando gracias a las estrellas, sobre todo en procesos asociados a su muerte. En Astrofísica, los elementos químicos más pesados que el helio reciben el nombre de metales y, de entre ellos, el más frecuente es el oxígeno. Este elemento es, por su abundancia, un indicador adecuado para medir la metalicidad, es decir, la proporción de metales que tiene un objeto cósmico.

Según un comunicado del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC, España), hasta ahora se pensaba que en todas las galaxias espirales, como la Vía Láctea, la cantidad de oxígeno que contienen va disminuyendo según nos alejamos del centro galáctico, lo que se denomina gradiente de abundancia de oxígeno. Hace casi 30 años, se encontraron indicios de que el comportamiento del gradiente parecía aplanarse en las zonas más externas del disco de la Vía Láctea, más allá del denominado radio isofotal, situado a una distancia de 37.500 años luz del centro galáctico.

Hasta la fecha, este presunto aplanamiento ha carecido de pruebas observacionales contundentes debido a que las nebulosas ionizadas asociadas a la formación estelar (regiones HII), que son los objetos donde mejor se puede determinar la abundancia de oxígeno, son muy débiles y difíciles de observar en zonas tan lejanas. Ahora, un equipo de investigación del IAC y de la Universidad de Hong Kong (China) ha conseguido medir de forma precisa y por primera vez la temperatura en las nebulosas de esas zonas externas de la Vía Láctea y determinar la abundancia de oxígeno. Sus resultados, publicados en la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, muestran que tal aplanamiento no existe y que el gradiente de oxígeno se mantiene prácticamente constante hasta una distancia de 55.500 años luz del centro de la Vía Láctea, una fracción muy considerable del disco cuyo radio podría alcanzar unos 70.000 años luz. 

Para los autores de la investigación, los resultados indican que los mecanismos que gobiernan la formación estelar y la evolución química en la Vía Láctea no sufren cambios sustanciales según su posición a lo largo del disco de la galaxia. Esto implica que los modelos más aceptados para la formación y evolución de la Vía Láctea pueden ser aplicados, al menos, a la mayor parte del disco galáctico. El hallazgo se ha realizado con al espectrógrafo OSIRIS del Gran Telescopio CANARIAS (GTC) de 10,4 m, y el Very Large Telescope (Telescopio muy grande), sistema de cuatro telescopios de 8,2 m instalados en el Observatorio de La Silla, en Chile, del European Southern Observatory (ESO).

En febrero, la Universidad de Harvard (EE.UU.) reportaba que un equipo científico había logrado comprimir hidrógeno al punto de convertirlo en un metal, un material que hasta antes de la hazaña científica únicamente existía en teoría. Solo semanas más tarde, el diario The Guardian informaba de que la muestra de hidrógeno metálico, una minúscula lámina brillante, se perdió en el mismo laboratorio donde fue desarrollada. De acuerdo con la teoría, el material creado, cuya existencia era imposible en la naturaleza y que aún venía siendo estudiado para determinar sus propiedades físicas y químicas, era capaz de conducir la electricidad incluso a bajas temperaturas. En otras palabras, podía tratarse de un superconductor capaz de mejorar el rendimiento y rapidez de ordenadores, ahorrar grandes cantidades de energía perdida en la transmisión e incluso mejorar el desempeño de autos eléctricos.

Beatriz de Vera
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