Los científicos no pueden explicar qué genera las auroras de Júpiter

Aurora polar en Júpiter. /Wikipedia

Cuanto más sabemos de Júpiter, más misterioso nos parece. El año pasado, la NASA divulgó imágenes de las auroras polares que tienen lugar en uno de los extremos del planeta, capturadas por el telescopio espacial Hubble. Estas fascinantes auroras son, de hecho, las más potentes de todo el Sistema Solar y, ahora, nuevas mediciones tomadas por la nave espacial Juno de la NASA y publicadas en Nature, han revelado que estos espectáculos de luz cósmica son generados por una fuente de energía completamente inesperada. "Son causadas por algún tipo de proceso de aceleración turbulenta que no entendemos muy bien", reconoce el investigador principal Barry Mauk de la Universidad Johns Hopkins (EE.UU.).

El Instrumento de Detección de Partículas Energéticas de Júpiter (JEDI) registró firmas de energía sobre el polo norte del gigante de gas mientras Juno navegaba a más de 160.000 km / h. A esa velocidad, el dispositivo solo disponía de segundos para hacer sus mediciones, pero al hacerlo, dio la primera oportunidad de observar directamente los procesos detrás de las emisiones aurorales de Júpiter, y resulta que son muy diferentes a los de la Tierra.

Una reconstrucción del vuelo polar de Juno. /NASA/JPL-Caltech/Bertrand Bonfond

En nuestro planeta, los relámpagos aurorales más intensos son creados por pozos de potencial eléctrico, que aceleran los electrones hacia la superficie a lo largo de líneas en el campo magnético de la Tierra. Cuando estas partículas cargadas chocan con gases en la atmósfera superior de la Tierra, las moléculas de gas terminan liberando fotones, los cuales producen brillantes y giratorias muestras de luz en el cielo sobre las regiones polares. Estas auroras son las que se pueden ver con frecuencia en las regiones más septentrionales de Norteamérica, Europa y Siberia, y en la Antártida.

Auroras de bancha anda

También existe otro tipo, la aurora difusa, causada por la dispersión de electrones atrapados dentro del campo magnético terrestre. Estos electrones conservan sus energías originales antes de dispersarse. “Pero además hay una tercera clase (que suele aparecer en las regiones de latitud más altas) llamadas auroras Alfvénic o de banda ancha (broadband)”, explica Mauk a la Agencia Sinc. Según este investigador, el proceso implica la aceleración turbulenta de los electrones por ondas y puede causar auroras de intensidad intermedia. Las ondas viajan dentro de gases ionizados que conforman el ambiente espacial que hay sobre la atmósfera de la Tierra.

Estas últimas, afirma, son las que más se parecen a los procesos poco conocidos que causan el tipo de aurora más intensa de Júpiter, aunque existen diferencias importantes: “En la Tierra, las mayores intensidades de electrones dentro de las regiones donde se producen auroras de banda ancha presentan un sentido descendente, mientras que en Júpiter a menudo vemos exactamente lo contrario, con las intensidades electrónicas más altas en dirección ascendente. No entendemos estas diferencias y realmente no comprendemos por qué los procesos de banda ancha dominan en Júpiter. Especulamos que según se hace más y más fuerte la densidad energética en el proceso de generación de auroras discretas, el proceso se vuelve inestable y comienza otro nuevo de aceleración”.

Júpiter, con una masa 317 veces mayor que la de la Tierra, es el planeta más masivo del Sistema Solar y su presencia tuvo un efecto inmenso sobre la dinámica del disco de acreción solar (una formación de gas y polvo alrededor de nuestra estrella, gestada poco después del Big Bang, a partir del cual se fueron formando los planetas). En junio, una investigación de astrónomos de la Universidad de Munster (Alemania), presenta evidencia que sugiere que el mayor de los planetas alrededor del Sol es, a su vez, el más viejo.

Beatriz de Vera
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