Niños expuestos a químicos en el 9/11 muestran signos tempranos de males cardíacos

Wikimedia Commons.

Dieciséis años después del ataque a las torres gemelas de Nueva York, las secuelas se siguen dejando sentir en la salud e quienes estuvieron más cercanamente expuestos al ataque terrorista. La nube de desechos tóxicos que soltó en el ambiente el colapso de los dos edificios, cada uno de 110 pisos de altura, hizo que los niños residentes del Bajo Manhattan respiraran cenizas y vapores que hoy se traducen en señales tempranas de riesgo de futuras enfermedades del corazón.

De acuerdo con un estudio de la NYU Langone Health, publicado en la revista Environment International, el análisis de sangre de 308 niños, 123 de los cuales pueden haber estado en contacto directo con el polvo el 11 de septiembre, reveló que los menores con niveles sanguíneos más altos de productos químicos presentes en el polvo de la caída de las torres, tenían niveles elevados de grasas que endurecen las arterias.

"Desde el 11 de septiembre, hemos centrado mucho la atención en las consecuencias psicológicas y mentales de presenciar la tragedia, pero solo ahora es que las posibles consecuencias físicas de estar dentro de la zona de desastre que se aclaran", dice el investigador principal del estudio y epidemiólogo de salud Leonardo Trasande, MD, MPP, profesor asociado de la NYU School of Medicine.

Los otrora niños y hoy jóvenes adultos participantes del estudio estaban inscritos en el Registro de Salud del World Trade Center (WTCHR), que está ayudando a rastrear la salud física y mental, a través de chequeos anuales de casi 2.900 menores que vivieron o asistieron a la escuela en el Bajo Manhattan el 11 de septiembre.

Según Trasande, su estudio es el primero en sugerir riesgos a largo plazo para la salud cardiovascular en niños a partir de la exposición a perfluoroalquinas, o PFASs - productos químicos lanzados al aire como por efecto de la destrucción de material electrónico o muebles quemados. Las PFASs incluyen el ácido perfluorooctanoico (PFOA, por sus siglas en inglés), ampliamente utilizado para hacer los plásticos más flexibles hasta que sus efectos en la salud, incluyendo pesos menores al normal y daño cerebral, llevaron a los fabricantes estadounidenses a dejar de usarlo en 2014.

Un análisis realizado por Trasande en enero de 2017 mostró que los mismos 123 niños en la WTCHR tenían niveles tres veces más altos de PFOA en sangre que 185 niños que no vivían o estaban estudiando en la ciudad el día del ataque, lo que se vinculó a un aumento promedio de 9 a 15% en las grasas sanguíneas, incluyendo el colesterol LDL y los triglicéridos. Estas sustancias en exceso conducen a males cardiacos e incluso bloqueos de vasos sanguíneos y ataques al corazón.

Afortunadamente, dice, estos signos muy tempranos de riesgo cardiovascular observados en los niños WTCHR generalmente pueden ser abordados por dieta, control de peso y ejercicio.

"Nuestro estudio enfatiza la importancia de monitorear las consecuencias para la salud del 11-S en niños expuestos al polvo, y ofrece la esperanza de que la intervención temprana pueda aliviar algunos de los peligros para la salud planteados por el desastre", dice Trasande.

Hans Huerto

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