Esta nave en forma de lámina limpiará la órbita terrestre de basura espacial

Recreación artística de Brane Craf. /NASA

Según la Agencia Espacial Estadounidense (NASA), hay más de 100.000 pedazos de basura espacial entre 1 cm y 10 cm orbitando la Tierra. Y decenas de millones de pedazos de menos de un centímetro, que pueden causar mucho daño al golpear en una nave espacial a miles de kilómetros por hora. La mayoría se encuentran en la órbita terrestre baja, por donde transita la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés). Por ello, la agencia ha decidido destinar fondos a un llamativo concepto de nave espacial en forma de lámina ultrafina, cuyo objetivo sería capturar estos escombros espaciales.

El proyecto, llamado Brane Craft y desarrollado por la firma californiana Aerospace Croporation, consiste en que enjambres de estas láminas, de 90 centímetros de envergadura, flexibles, y con un grosor que es menos de la mitad de un pelo humano, envuelvan a los escombros y los arrastren de vuelta a través de la atmósfera, donde arderán, para que no amenacen a los satélites y astronautas en órbita.

Además de ligero, lo que reduce el consumo de combustible, el dispositivo es fácil de apilar en un lanzador y desplegarse en un enjambre de decenas de bots, cada uno con destino a pieza diferente de escombros. Necesitará muy poco combustible, porque será alimentado principalmente por células solares ultrafinas. La compañía planea lanzar la nave con frecuencia, con muchos Branes desplegados al mismo tiempo, ayudando a reducir los costos.

Pero su ligereza hace que sea difícil proteger la electrónica de la nave espacial de la radiación, o incluso los micrometeoritos. "Tiene que ser a prueba de balas, porque una partícula de 5 micras de diámetro puede penetrar la hoja estructural principal, que tiene sólo 10 micrones de espesor", explicó Siegfried Janson, investigador de Aerospace Corporation a seeker.com.

La mayoría de los escombros se encuentran en la órbita terrestre baja, por donde transita la Estación Espacial Internacional. /NASA

Por ello, la compañía ha diseñado la nave espacial para ser resistente: en el caso de que una una célula solar es golpeada por un micrometeorito, solo esta dejará de funcionar. Del mismo modo sucede con microprocesadores y la electrónica digital, si uno falla, otros seguirán trabajando. Incluso el tanque propulsor se divide en múltiples segmentos, de tal modo que si un micrometeorito impacta contra él, o si ocurre un cortocircuito eléctrico, otros segmentos están diseñados para seguir en funcionamiento.

La radiación es otro desafío ya que la nave espacial es delgada y la mayoría de la electrónica comercial no puede resistir las duras condiciones del espacio. La nueva subvención de la NASA, perteneciente a su programa Innovative Advanced Concepts, que apoya ideas de largo alcance con posibilidades de llevarse a la práctica, permite a la empresa investigar cómo mejorar la tolerancia a la radiación durante los despliegues cortos que la compañía ha propuesto para sus prototipos, que serán eficientes y de bajo coste.

Además de los residuos minúsculos que pueden actuar como proyectiles en la órbita terrestre, alrededor de nuestro planeta hay actualmente tal cantidad de nanosatélites que, directamente, el espacio se les está haciendo pequeño. En concreto, el peligro lo provocan los CubeSats, pequeños emisores de unos 10 centímetros cúbicos que fabrican y utilizan multitud de universidades y empresas, ya que las instrucciones de fabricación son libres. Pesan algo más de un kilogramo, carecen de motores u otra capacidad para evitar colisiones y fueron enviados por primera vez al espacio en diciembre de 2006. Se han vuelto cada vez más populares en los años posteriores como una opción rentable para las compañías de telecomunicaciones. En una conferencia de la Agencia Espacial Europea (ESA, por sus siglas en inglés) sobre desechos espaciales celebrada en abril en Alemania, el profesor de Ingeniería Aeroespacial de la Universidad de Southampton (Reino Unido) explicó lo catastrófico que podría ser que estos satélites comenzaran a chocar. En el peor de los casos, esto podría desencadenar una cascada de colisión conocida como el síndrome de Kessler, que se manifiesta como una aterradora nube de basura espacial que representaría un riesgo significativo para las naves espaciales de trabajo, incluida la ISS (Estación Espacial Internacional).

Beatriz de Vera
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