Nanopartículas de la tinta de los tatuajes podrían afectar al sistema inmune

Las nanopartículas de tinta acaban en los ganglios linfáticos. /Unsplash

Aunque se ha popularizado durante el último siglo, los tatuajes se han realizado desde hace 5.000 años, aunque hasta ahora, no se tenía muy claro qué efecto tenían en nuestro cuerpo. Para hacer estos dibujos en la piel, la tinta se deposita a través de una aguja debajo de la dermis y la epidermis, donde las partículas de tinta permanecerán permanentemente. Ahora, por primera vez, la ciencia ha confirmado que nanopartículas de esos tatuajes no se quedan donde deberían y terminan en los ganglios linfáticos.

Según la investigación, publicada en la revista Scientific Reports, y realizada por el Instituto Federal Alemán de Evaluación de Riesgos y el Laboratorio Europeo de Radiación Sincrotrón de Grenoble (Francia), se han encontrado pruebas de que tanto los pigmentos como las impurezas de la tinta del tatuaje pueden viajar alrededor del cuerpo como nanopartículas.

La composición química de la tinta empleada en los tatuajes es muy variada y puede incluir desde pigmentos orgánicos a impurezas que contienen metales pesados como el níquel, el cromo, el manganeso o el cobalto. Concretamente, el pigmento blanco está formado de dióxido de titanio, compuesto que también se usa en la industria alimenticia, protectores solares y pinturas, y que otras investigaciones han relacionado con un retraso en la cicatrización, inflamación de la piel y picazón. Las reacciones alérgicas y otras reacciones a las tintas del tatuaje no son infrecuentes, según los autores del nuevo trabajo.

Los investigadores han encontrado, en muestras de tejido humano analizadas post mortem, que tanto el dióxido de titanio como otros pigmentos orgánicos procedentes de un tatuaje quedan retenidos en el tejido cutáneo pero, además, las partículas más pequeñas pueden ser transportadas hasta los ganglios linfáticos, donde se acumulan. Entre otros posibles efectos adversos producidos por tatuajes, los autores han destacado que la tinta acumulada en un ganglio linfático puede interferir a la hora de detectar la presencia de células cancerígenas.

"Ya sabíamos que los pigmentos de los tatuajes viajan a los ganglios linfáticos debido a la evidencia visual: los ganglios linfáticos se tiñen con el color del tatuaje. Lo que no sabíamos es que lo hacen en forma nano, lo que implica que pueden no tener el mismo comportamiento que las partículas a nivel micro, y ese es el problema: no sabemos cómo reaccionan las nanopartículas", reconoce Bernhard Hesse, uno de los investigadores del equipo.

La eliminación de los tatuajes con láser rompe estas partículas en pedazos lo suficientemente pequeños para que el cuerpo las asimile, pero lejos de acabar con el problema, lo aviva: los fragmentos más pequeños que viajan por el cuerpo y son transferidos al nódulo linfático. Sin embargo, con la popularización de la cultura del tatuaje, estos métodos de eliminación han sufrido de una demanda en aumento. Actualmente los láseres se mantienen a cierta distancia de la piel pero en manos del médico pueden ser inexactos y no hay forma de que solo sean absorbidos por la mancha o tatuaje a ser borrados. Más piel se puede ver comprometida y además, la vista del paciente y del profesional que aplica el láser corren riesgo. Una investigación de la Universidad de Missouri (EE.UU.) ha desarrollado instrumentos que transmiten la luz al tejido a través del contacto directo, en base a una pulsación ultrasónica, técnica que promete mejorar sustancialmente la eficacia y seguridad de los láseres empleados para borrar marcas de nacimiento y tatuajes en la piel.

Beatriz de Vera
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