Sumas y restas en la ciencia latinoamericana a raíz del libro “Un mundo lleno de futuro” [ENTREVISTA]

Leila Guerriero, editora del libro que contiene relatos sobre ciencia e innovación en Perú, Brasil, Colombia, Ecuador, Panamá, Paraguay, Argentina y Uruguay (Flickr/Planeta).

La reconocida periodista y cronista argentina Leila Guerriero (premio de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano 2010) está acostumbrada a diseccionar Latinoamérica desde relatos con temáticas comunes como la marginalidad o el delito en títulos editados por ella como Los Malditos o Los Malos. Esta vez, la argentina ha editado Un mundo lleno de futuro (Planeta, 2017), diez crónicas de América Latina en donde los héroes tienen a la innovación, la educación, la ciencia y la tecnología como armas para resolver problemas en sus respectivos países.

N+1 conversó con Guerriero sobre estas historias y lo que revelan sobre el quehacer científicos en la región.

 

Tras la revisión de decenas de casos de proyectos de innovación en Latinoamérica, ¿es posible trazar algunos paralelos entre el trabajo científico y el artístico?

No sé si un artista se planta ante una situación determinada como lo haría un científico. En términos de resolver un problema, el problema que tiene el artista es de otra índole. Pero sí me parece que hay una cuestión altruista en estos desarrollos científicos, la persona que desarrolló la vacuna, por ejemplo, contra la leishmaniasis o el que desarrolló un sistema de detección temprana de tuberculosis [casos reportados en el libro]. Y una cosa altruista implica pensar en el otro; en el periodismo hay ciertas variantes de ello, cada uno hace lo que hace a partir de una voluntad por cambiar esta realidad, publicando acerca de este tipo de cosas. El trabajo científico tiene mucho de artístico a nivel creativo, no está desvinculado de aquello que podríamos llamar inspiración para ser capaz de conectar dos cosas aparentemente desconectadas. Además, hay también un trabajo creativo en el quehacer científico desde el punto de vista del lenguaje en que se mueve este; hay una cuestión casi poética, lírica. Cualquiera que lea un libro de astrofísica por ejemplo no puedo no caer rendido ante la belleza de la forma en que se expresan ciertos postulados. También tiene que ver con una cierta manera de pensar en la capacidad de acción de uno, de abstraer para la creación.

 

La ciencia puede tomar elementos de otras disciplinas para elevar sus avances.

La narrativa científica tiene hermosos pasajes. Si vas a la neurociencia los libros de Oliver Sacks por ejemplo se leen de manera muy placentera y encuentro mucho regodeo en el lenguaje. He entrevistado muchos científicos y en general van más allá de la ciencia que los ocupa, suelen ser lectores musculosos, tienen cierta sensibilidad artística, les gusta mucho el cine o la fotografía o la música y creo que ese gusto estético por las cosas bellas, digamos, y no necesariamente tangibles está presente en todos.

 

¿Cuál fue el criterio de selección de las historias que conforman Un mundo lleno de futuro?

Como es un libro hecho con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) como motor, las propuestas de ellos fueron una gran cantidad de historias de países donde ellos financiaban estos proyectos de innovación, que es la palabra clave. Evaluamos desde el punto de vista periodístico cuáles historias iban a tener más tela para cortar, algunos casos eran interesantes pero estaban relacionados con laboratorios donde el tema del secreto industrial complicaba el acceso. La selección de las historias tiene que ver con el alcance que puedan tener en la población, incluso si solucionan un problema que atañe a una población pequeña como la leishmaniasis o la hepatitis.

 

Muchos lectores se pueden quejar de la poca difusión del quehacer científico y los avances que logran en la región, creyendo que hay un complot para que estas no resuelvan grandes problemas sociales.

En algunos de estos casos la investigación y producción de los medicamentos son costosísimas, al igual que los protocolos para su evaluación por el tiempo que requieren, más aún en enfermedades raras como la leishmaniasis o el mal de Chagas. La solución a muchos problemas potencialmente podría existir pero los costos de laboratorios pueden ser tan altos que no hay alguien dispuesto a asumirlos. Los gobiernos y laboratorios evalúan la relación costo-beneficio de invertir en investigación y no en si la solución potencialmente puede atender a una o muchas personas por una enfermedad; entonces concluyen que no ameritaría la inversión y es algo horroroso.

Por otro lado también los espacios que dedican los medios de comunicación a temas relacionados con la salud, la ciencia y la tecnología es más bien escueto, incluso los periodistas que nos encontramos en el lado más narrativo de la profesión podemos mirar con un poco de soslayo estos temas, parecen historias que ofrecen pocas aristas interesantes, parecen. ¿A quién la va a interesar la historia de una pequeña ciudad de Brasil que es un polo de desarrollo tecnológico?

El común de la población parece no estar muy informado, hace poco en Chile se informó que hay una epidemia de contagio de HIV entre jóvenes porque no hay campañas de información desde los 90s y me atrevería a decir que ocurre lo mismo en mi país. No hay desde los medios una mirada adecuada a estos temas.

 

Los gobiernos de turno, por ejemplo, restan importancia al fortalecimiento de sistemas de monitoreo en salud, por ejemplo, que permiten a la larga implementar políticas sanitarias eficaces de acuerdo con los cuadros que se presentan en cada nación.

Los países de Latinoamérica no somos fuertes en estadísticas, estamos más bien acostumbrados a desconfiar de la estadística, pensar que nuestro gobierno manipula las cifras de pobreza o educación. Ello no exime a gobiernos de tener bancos de datos robustos, ignoro lo que pasa en Estados Unidos o Europa, pero al ver los planes de salud en países nórdicos vemos que hay una fuerte presencia del Estado en temas como la llegada de un bebé, en temas como la atención médica, el acompañamiento de la familia en el cuidado del bebé y en las licencias laborales por igual a padres y madres. Yo veo en la salud pública en esta región que realmente todo está muy precarizado, más con el aumento de la población desde hace 30 años. Los hospitales públicos van colapsados y la calidad de la medicina depende de la vocación del médico en muchos casos, lo cual es injusto. Sin una base de datos robusta no se puede tener una epidemiología de acuerdo con la población ni aplicar políticas sanitarias acordes a la población. Lo que también sucede en muchos países en la región es que los fondos para la investigación científica han venido recortándose en los últimos años pues se considera que es un gasto y no como una inversión cuando hay problemas económicos. Es como apuntarte a la sien sabiendo que en algún momento saldrá disparado el tiro.

 

Con ello, tenemos que el título del libro encierra una ambivalencia: un mundo lleno de futuro en el que otros elementos nos anclan al siglo XIX.

Los tiempos de la ciencia están completamente reñidos con los tiempos del gobierno, desde el punto de vista partidista. O sea gobierna de determinado partido político en cualquier país y se toman por 4 ó 5 años decisiones determinadas en ciencia; luego viene otro gobierno con otro libreto para las investigaciones y la situación cambia. Lo que veo es que muchos científicos de todos los ámbitos invierten buena parte del tiempo que deberían invertir en la investigación en resolver cuestiones burocráticas y entonces tienes que el tiempo de la administración pública es distinto al del investigador, para quien 10 años no es nada por los procesos que implican las investigaciones. Faltan políticas de estado a largo plazo, sin que sean intocables los científicos, tampoco.

Lo otro es la mentalidad mercantilista que tenemos en occidente de evaluar todo en base a la ganancia que le podemos sacar. Gastar 20 años y millones en el desarrollo de una vacuna que pasan los años y no te ha dado resultados comprobados puede sonar descabellado. La incertidumbre del resultado para la cabeza más capitalista conspira un poco contra el destinar todo el monto necesario para la investigación. Lo que atraviesa un poco a los países de Latinoamérica es eso, los tiempos de la ciencia y de la educación reñidos con el de los gobiernos y su idea de obtener resultados eficaces rápidamente. No se lo ve como inversión, se lo ve como gasto, cuando normalmente da un retorno en muchos años. Las ambigüedades del título creo que sí están ahí presente en el libro, con gente que está viviendo en una realidad que es un poco paralela, cerrando la puerta de su estudio o laboratorio y volteándose de espalda al mundo, con cuya realidad hay un enorme error de paralaje.

 

En varios países occidentales se viene instalando un viraje hacia el conservadurismo en su peor forma. ¿Puede ello afectar a las ciencias? Trump en EE.UU., por ejemplo, es un escéptico del cambio climático y decidió únicamente mantener el presupuesto de programas espaciales con la esperanza de explotar recursos mineros en la Luna o Marte con ello.

La ciencia está hecha por personas y como bien dices es un lugar desde el que se cuestionan los paradigmas instalados y si alguien se hubiera quedado tranquilo con las velas no tendríamos luz eléctrica, tiene que ver con que la curiosidad de un sujeto se puso en movimiento y se sumó a eso una rebelión contra el estado de las cosas establecidas. La situación de la supremacía de este pensamiento un poco conservador que empieza a tomar varios países del mundo occidental me hace confiar en el carácter rebelde e impúdico de la ciencia, pues los científicos siempre se han rebelado en todos los campos contra el estado de las cosas, no creo que sea distinto en esta época. Ya lo han hecho rebelándose contra presupuestos escuetos y situaciones de trabajo inverosímiles. La ciencia y la tecnología en el mundo que se viene tienen un lugar cada vez más importante e incluso como una conveniencia espuria no creo que les convenga a los gobiernos dejarlas en segundo plano. Acá en Argentina muchos científicos de facultades de ciencias exactas tuvieron que exiliarse del país durante la dictadura militar y aún hoy se evalúa el retraso que ello originó en el desarrollo actual de la investigación científica, 50 años después.

 

¿Son los científicos y emprendedores tecnológicos los héroes del siglo XXI?

No sé si tengo una respuesta para eso, sin dudas hay gente que en este mundo tecnológico tiene más relevancia y es que la tecnología es algo muy notorio por lo que personas como en Elon Musk, Mark Zuckerberg o el mismo Steve Jobs son personas muy notorias como lo fue en su momento Stephen Hawking cuando publicó Una breve historia del tiempo. Creo que ese libro lo compró más gente de la que lo leyó. La tecnología parece ser un gran surtidor de este tipo de ejemplos en este momento, por ahí eso es un signo de la época. No me gusta pensar en términos de héroes o villanos pues todos esos ejemplos mencionados también son muy cuestionados en muchos aspectos. A veces ocurre que la gente se enamora de un héroe y 20 años después se da cuenta de que no era tan heroico, era más bien monstruoso.

Es mucho más divertido ver a nuestros héroes caer, descubrir que tenían un pasado espantoso. En la idea de que la ciencia es un proceso que una vez iniciado es muy posible que no dé marcha atrás y se pueda borrar todo lo avanzado, siento que los científicos precisamente son de las personas que más conscientemente trabajan sobre la tradición sobre la que hoy están montados. Es como una escalera en la que puedes dar un paso más adelante y esto únicamente es posible porque hay escalones construidos detrás, que constituyen investigaciones científicas para desarrollo tecnológico. No podríamos llegar a los smartphones que tenemos hoy en día de no haber partido de los gigantescos aparatos eran el tamaño de un ladrillo; o de aquella primera computadora que ocupaba tres cuartos para hoy tener una tablet que ocupa nuestro bolsillo y es millones de veces más rápida. La ciencia es un lugar que claramente se alimenta de su pasado para seguir avanzando.

Hans Huerto

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