Fósil del monstruo de Melksham cambia la historia de la evolución de cocodrilos prehistóricos

El monstruo de Meksham habría sido muy similar al Plesiosuchus Manselii, de la misma subfamilia Geosaurini. 
Fabio Manucci

Una recientemente identificada especie de depredador prehistórico marino arroja nuevas luces sobre los orígenes de los lejanos parientes ancestrales de los cocodrilos modernos. El nuevo descubrimiento desvela que un grupo reptiles acuáticos ya extinto evolucionó millones de años antes de lo que hasta el día de hoy se creía. El estudio fue publicado en el Journal of Systematic Palaeontology.

El temible animal, de tres metros de longitud, moraba en los mares cálidos y poco profundos que cubrían la mayor parte de lo que hoy es Europa. Con sus poderosas mandíbulas y dientes como sierras, se alimentaban de presas grandes como calamares prehistóricos. 

Según los científicos de la Universidad de Edimburgo, la nueva especie data de hace 163 millones de años. A esta conclusión llegaron tras estudiar minuciosamente un fósil dañado que se mantuvo conservado en el Museo Natural de Historia de Edimburgo por 150 años.  

El reptil prehistórico, llamado leedraan melkshamensis, fue apodado el monstruo de Melksham a partir del pueblo inglés donde fue desenterrado. 


Imagen del fósil del Monstruo de Melksham, incluyendo un acercamiento a uno de sus dientes distintivos en la mandíbula inferior. 

Un monstruo que cambia la historia

Hasta el momento, se creía que la subfamilia de cocodrilos prehistóricos a la que la nueva especie pertenece (conocida como Geosaurini), se había originado en el periodo Jurásico Superior, hace 152 a 157 millones de años. El monstruo de Melksham, sin embargo, junto a un nuevo análisis de la evidencia fósil existente, sugiere que el grupo surgió millones de años antes, en el Jurásico Medio, reportó el trabajo. 

El poco estudiado espécimen, que ya estaba en manos de la sociedad científica en 1875, fue distinguida como una especie nueva en base a sus características de cráneo, mandíbula baja y sus dientes en particular. 

El estudio nos muestra una parte importante en la historia de la evolución de los cocodrilos prehistóricos y de cómo estos se volvieron depredadores top en su ecosistema. Habría sido, según los científicos, el mayor depredador en los océanos de la Bretaña Jurásica, al mismo tiempo que los dinosaurios regían la tierra. 

El espécimen estaba completamente encerrado en una roca bastante dura con venas de calcita formadas durante el proceso de fosilización. El mismo tuvo que ser removido por la fuerza usando cinceles de acero  y muelas de rectificado de diamantes. El proceso para obtener al fósil tomó muchas horas diarias en un período de varias semanas, ya que demandó extremo cuidado para no dañar el cráneo y dientes del cocodrilo. 

Muchas especies prehistóricas no fueron descubiertas de inmediato, al igual que el monstruo de Melksham: estuvieron almacenadas “delante de nosotros” por décadas sin conocerse exactamente qué eran o a qué época o grupo pertenecía. Ocurrió también con el Arminisaurus schubertiun monstruo marino recién descubierto que dominó los Océanos Jurásicos hace 190 millones de años.

Recientemente reportamos el descubrimiento de una rana gigante, del tamaño de una pelota de playa y que vivió hace 70 millones de años (Cretáceo Tardío) que tuvo una mordida lo suficientemente potente como para apresar y devorar a pequeños dinosaurios. Hablamos de Beelzebufo ampinga, la rana más grande de la que se tiene conocimiento hasta el momento, llamada también rana diablo y que habitó en la isla de Madagascar.  

 

Daniel Meza
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