Este singular geoglifo de una orca fue hallado en el desierto peruano

La figura de una orca, de unos 60 m de largo y más de 2.000 años de antigüedad, fue hallada en la zona de Palpa, al sur del Perú, y a unos 50 km de la costa del país (Johnny Isla).

Las pampas de la localidad iqueña de Nasca, en el sur peruano, albergan, aún a más de dos mil años de su desaparición, los enigmas de las culturas precolombinas Nasca y Paracas. Y no solo los geoglifos inscritos en las llanuras arenosas de la región siguen siendo materia de estudio, en la búsqueda de un significado definitivo para estos en el marco de su cultura; el mismo desierto sigue revelando perdidos tesoros de los Paracas y un geoglifo que representa a una orca es el último de estos.

El diario La República da cuenta de ello. El medio peruano señala que la figura en cuestión tuvo que esperar 50 años para que el Estado lograra recuperarla cuando ya se daba por perdida. El gigantesco dibujo, de unos 60 m de largo por 25 de ancho, fue grabado sobre la ladera de una colina ubicada en las afueras de Palpa, en la región Ica. En la zona, y durante más de medio siglo, la arqueóloga alemana María Reiche estudió y promovió el conocimiento sobre las Líneas de Nasca, un conjunto de decenas de geoglifos dispersos entre Nasca y Palpa, calificados por la UNESCO como Patrimonio Cultural de la Humanidad.

 

Ica, cuna de ballenas

Aunque la Orcinus orca es un cetáceo que habita en todos los mares del mundo, las mayores densidades poblacionales de esta especie se registran en el hemisferio norte.

La Formación de Pisco es el nombre que recibe una formación geológica entre Pisco, Ica, y Arequipa, en la costa sur peruana, que es la Meca para quienes estudian fósiles del Mioceno y Plioceno. Ahí han sido hallados, además de restos de megalodontes, delfines, pingüinos y cocodrilos marinos, al menos unos 500 restos de cetáceos, entre ellos los del desaparecido género Piscobalaena, de entre 11,6 y 5,3 millones de años.

New Peruvian whale fossil discovery sheds light on whale lineages

Fósil hallado en Ica de una Tiucetus rosae, una ballena que hace 10-25 millones de años surcó las aguas peruanas y que hasta septiembre último era desconocida, hasta que una investigación de la Universidad de Monash (Australia) dio con ella para explicar la evolución de estas desaparecidas especies, hasta la actualidad (Universidad de Monash).

De hecho, fue en esta región donde en mayo último fueron hallados los restos más antiguos conocidos de un pariente de las ballenas barbadas.

Con ello, la presencia de orcas está largamente impresa en estas costas, donde estos animales solía pescar, a tan solo unos 500 m mar adentro, antes de que la intensa actividad pesquera en estas aguas las desplazara hacia otras latitudes.

Antes de ello, los Nasca la consideraron una deidad vinculada al mar y fue representada en su fina cerámica escultórica.

 

Una figura perdida... y recuperada

El geoglifo de la orca ya había sido fotografiado a principios de los 60s, pero, sin un fechado y datación correspondiente, se le había dado por desaparecido, hasta que recientemente fue identificada y rescatada por un equipo de arqueólogos del gobierno local.

Johny Isla Cuadrado, líder del equipo, de la Oficina Descentralizada de Cultura de la región Ica, señala a La República: “A diferencia de las líneas de Nasca, el geoglifo de la orca está dibujada en la ladera de una colina, lo que indica que se trata de uno de los geoglifos más tempranos de la región […] Otros geoglifos de este tiempo hay en Palpa, cosa que casi no sucede en Nasca, donde la mayoría de líneas y geoglifos están dibujados en zonas planas”.

N+1 se comunicó con Isla, quien detalló cómo se extravió y redescubrió el geoglifo. El funcionario explicó que durante el desarrollo de una investigación en el marco de un proyecto de conservación de geoglifos en Nasca y Palpa, tuvo acceso a un archivo en Alemania, donde una publicación de los años 60 mostraba una foto de esta figura, de la cual no había registro. “Me propuse buscarla y ubicarla, demoré algunos años pues las distancias y ubicaciones citadas en la publicación no eran las correctas, la posición estaba mucho más lejos de lo pensado”, señala.

El experto explica que a diferencia de otras figuras, como las del desierto de Nasca, las de Palpa están inscritas en laderas de cerros. La zona, además, pese a estar integrada al desierto, recibe más lluvia cada año. La lluvia y la ubicación en una ladera amenazan y complican la ubicación de figuras como la de la orca, a diferencia de otras en llanos desérticos, como el colibrí o el mono de las Líneas de Nasca.

Los trazos que componen a la orca son de unos 10 a 15 cm de profundidad en la tierra, con 25 a 30 cm ancho en los que se han combinado técnicas de barrido y de acumulación de piedras para formar las siluetas y detalles como los ojos.

“Estimamos que a diferencia de otros geoglifos en la zona de Palpa, este es uno más antiguo, que data de la época de transición de Paracas a Nasca, a inicios de nuestra era”.

El geoglifo de la orca, que mantiene las dimensiones promedio de otros en la zona, a unos 50 km de la costa, retrata a una deidad en la cosmología Paracas. A la luz de que en aquellas épocas estos animales se habrían alimentado más cerca de la costa, sus encuentros con la población del lugar habrían sido más frecuentes, de ahí su inclusión en el panteón Paracas. “Probablemente las población tuvo encuentros poco agradables con esta especie, cuando se hacían a la mar para pescar. Usualmente aparecen representadas las orcas no solo en textiles sino también en cerámicas, con rasgos antropomórficos —con brazos, por ejemplo— como esta, que lleva una cabeza humana en el cuerpo, lo que indicaría que una persona fue tragada por el animal”, explica Isla.

 

La mano del hombre

Anteriormente, un trabajo publicado en 2012 en la revista Antiquity por el antropólogo de la Universidad de Misuri (EE.UU.), Robert Benfer, dio cuenta de una serie de montículos moldeados con forma de animales que se distribuían en la zona de Nasca, con antigüedades de entre 2.000 y 4.000 años de antigüedad.

Imagen satelital revela montículo con forma de una orca en Ica.

Actualmente, estas formaciones —de entre 300 y 400 m de largo— albergan viviendas en medio de terrenos agrícolas y estas, al igual que el recientemente redescubierto geoglifo, corren peligro debido al tráfico de terrenos en la zona de Palpa.

La zona donde se ubica la orca ya ha sido cercada por supuestos traficantes de tierras que de la noche a la mañana han adquirido como “terrenos eriazos” enormes zonas protegidas por el Estado peruano con importante riqueza arqueológica precolombina.

La figura está muy cerca al acceso de la ciudad, donde hay terrenos baldíos comprados que obstruyen el acceso al lugar: “Están demasiado cerca a la orca, por lo que el Ministerio de Cultura peruano ha empezado a averiguar más sobre la compra-venta del predio, para solicitar se rectifiquen los límites del mismo”.

Hans Huerto

Si te gustó esta noticia, entérate de más a través de nuestros canales de Facebook y Twitter.

Suscríbete

Déjanos tu mail para recibir nuestro boletín de noticias

La confirmación ha sido enviada a tu correo.