Se encuentra un misterioso castillo de 3.000 años hundido un lago de Turquía

Castillo de 3.000 años de antigüedad encontrado durante excavaciones subacuáticas en el lago Van. /Universidad Van Yüzüncü Yıl

Las ciudades hundidas son con frecuencia materia de leyenda, pero parece que después de una década de búsqueda en el lago Van, el segundo más grande del Medio Oriente, se ha encontrado evidencia de un reino perdido cientos de metros bajo la superficie.

Los arqueólogos de la Universidad Van Yüzüncü Yıl (Turquía), que trabajaron estrechamente con un equipo independiente de buceadores, anunciaron el descubrimiento de un vasto castillo de 3.000 años de antigüedad conservado en las profundidades del lago. La construcción se extiende alrededor de un kilómetro, con paredes de hasta 3 ó 4 metros de alto, mantenido en buenas condiciones por las aguas alcalinas del lago. Según los investigadores, se trata de una reliquia de la Edad de Hierro de la civilización perdida de Urartu, también llamada el Reino de Van, que prosperó en la región desde el siglo IX al VI aC.

El nivel del agua del lago ha fluctuado de manera espectacular en los últimos milenios, y los investigadores creen que el nivel era mucho más bajo en la altura de la sociedad de Urartian que en la actualidad, aumentando lentamente con el tiempo para cubrir partes de la ciudad. Otras partes del asentamiento antiguo son mucho más altas, incluso por encima de la costa actual, y ya que, según dicen, muchas civilizaciones y personas se habían establecido alrededor del lago Van. El año pasado, el equipo también descubrió un campo de 4 kilómetros cuadrados de estalagmitas que llaman chimeneas de hadas submarinas bajo el lago, y lápidas de la era selyúcida, hace unos 1.000 años. Y a principios de 2017, anunciaron el descubrimiento de un barco ruso que se cree que se hundió en 1948.

El equipo no ha podido determinar a qué profundidad están enterrados los muros debajo del sedimento en el fondo del lago, y se requerirá más trabajo de campo bajo la superficie del lago Van para aprender más sobre la estructura y, con suerte, sobre las personas que vivieron dentro.

En las profundidades de la otra parte del mundo, en Nueva Zelanda, se encontraron las terrazas rosadas y blancas que eran consideradas la octava maravilla del mundo en el siglo XIX. Hasta que una catastrófica erupción volcánica del monte Tarawera en 1886 las sepultó bajo montañas de barro y ceniza, y el mundo pensó que habían desaparecido para siempre. Investigadores de la Biblioteca Nacional de Nueva Zelanda creen haber identificado la ubicación de las terrazas, a 15 metros de profundidad de la costa y han pedido que un equipo de arqueólogos realicen un estudio completo que lleve a desenterrar este monumento natural.

Beatriz de Vera
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