La 'pérdida de la noche' por iluminación artificial aumenta en Sudamérica y no desciende en Europa ni EE.UU.

Las luces nocturnas se han incrementado en un 9,1%. /Pixabay

La superficie de la Tierra iluminada artificialmente aumenta en más de un 2,2% al año y las luces nocturnas se han incrementado en un 9,1%, incluso con el uso de sistemas de alumbrado más eficiente. Esta iluminación constante ha ocasionado que la mitad de Europa y un cuarto de Norteamérica sufran una pérdida de la noche generalizada, una situación en la que se modifican los ciclos horarios. 

La luz artificial es un contaminante ambiental que amenaza a los animales nocturnos y afecta a las plantas y microorganismos, según una investigación, publicada en Science Advances; y el crecimiento de luz tras la puesta de sol desde 2012 hasta 2016, casi iguala el aumento global del producto interno bruto (PIB), sugiriendo que el acceso a la iluminación de estado sólido (del tipo que usan los LED) no disminuye el consumo de energía global, como era el objetivo. Y la superficie iluminada artificialmente de la Tierra sigue creciendo, tanto en tamaño como en brillo, en la mayoría de los países.

Durante la segunda mitad del siglo XX, la luz artificial exterior creció de manera constante. Para analizar si el uso de la luz exterior continúa creciendo exponencialmente hoy en día, el equipo de investigadores, pertenecientes a diferentes instituciones de Alemania, Reino Unido, España y Estados Unidos, estudiaron los datos recopilados por el Radiómetro de Imágenes por Infrarrojos Visibles (VIIRS, por sus siglas en inglés), un sensor satelital con una resolución espacial de 750 metros.

Los resultados demostraron que las áreas exteriores artificialmente iluminadas de la Tierra crecieron un 2,2% por año, entre 2012 ya 2016. Los cambios de iluminación variaron mucho según el país, superando en mucho la tasa global en algunos casos, y con descensos en el brillo en solo unos pocos, como Yemen y Siria, ambos afectados por la guerra.

En algunas de las naciones más brillantes del mundo, como Estados Unidos y España, los niveles se mantuvieron estables, mientras que, para la mayoría de los países en América del Sur, África y Asia, creció. Los científicos no son optimistas: las disminuciones en el consumo de energía parecen improbables, incluso cuando este aumento de un 2,2% anual tanto en extensión como en intensidad, tiene lugar en un momento de transición a sistemas de iluminación LED, más capaces de reducir la emisión al espacio y su intensidad a demanda.

Los LEDs son diodos emisores de luz, que prometen una gran eficiencia energética, menos contaminación lumínica y mayor duración. Pero si ves una televisión descrita como LED, de hecho es una pantalla LCD (representación visual por cristal líquido), aunque una que usa LED  como sus principales fuentes de luz. Pues bien, como en tecnología nada tarda mucho en quedarse obsoleto, ya tenemos entre nosotros a los OLED, LEDs orgánicos que se usan en móviles de alta gama como el Samsung S7 y televisores de la misma clase como el Sony A1. Esta última es una tecnología muy distinta, y mientras que el LCD muestra una luz de fondo (a través de reflectores de luz) para iluminar sus píxeles, los píxeles de OLED de hecho producen su propia luz. Consisten en diodos que se basan en una capa electroluminiscente formada por una película de componentes orgánicos que reaccionan a una determinada estimulación eléctrica, generando y emitiendo luz por sí mismos. Además de ostentar mejores colores, un mejor contraste (el color negro no emitirá luz en una habitación totalmente oscura), y mejor brillo que las pantallas LCD, las pantallas OLED tienen una gran eficiencia de uso de energía, superior a sus contrapartes LCD.

Beatriz de Vera
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