Por primera vez, se observa en la naturaleza la evolución de una especie a otra

'Big bird'. /P.R.Grant

Por primera vez, los científicos han podido observar algo sorprendente: en solo dos generaciones, han podido ver la evolución de una especie a otra completamente nueva, en la naturaleza, y en tiempo real.La secuenciación genómica del animal, una nueva especie del pinzón de Darwin, endémica de una pequeña isla llamada Daphne Major en Galápagos, y el análisis de sus características físicas han confirmado que se trata de una nueva especie. Según el trabajo, publicado en la revista Science, sus descubridores lo han apodado Big Bird.

Hay al menos 15 especies de pinzones de Darwin, llamados así porque su diversidad ayudó al famoso naturalista Charles Darwin a descubrir su teoría de la evolución por selección natural; es decir, las mutaciones pueden ayudar a las especies a adaptarse mejor a su entorno y transmitirse a generaciones. Ahora, dos de estas especies se han unido en lo que se llama hibridación de especies, para crear una completamente nueva.

Todo empezó cuando, durante una expedición en la isla Daphne Major, Peter y B. Rosemary Grant, biólogos de la Universidad de Princeton (EE.UU.), notaron la presencia de un intruso no nativo, Geospiza conirostri, también conocida como el gran pinzón de cactus, originario de otras islas de las Galápagos, como Española, Genovesa, Darwin y Wolf. Se trata de una de las especies más grandes de pinzones de Darwin, y tiene un canto diferente al de las tres especies nativas de Daphne Major. Por eso, el macho recién llegado se destacó. "No lo vimos volar desde el mar, pero lo notamos poco después de su llegada. Era tan diferente de los otros pájaros que sabíamos que no había surgido en Daphne Major", dijo uno de los investigadores, Peter Grant, según informa Phys.org. El extranjero se apareó con dos hembras de una de esas especies nativas, Geospiza fortis, el pinzón terrestre mediano. Y tuvieron descendencia.

El apareamiento fructífero entre diferentes especies no es tan inusual, pero en los casos más famosos como el de las mulas (hijas de un burro macho y una yegua), o los ligres (un cruce entre un león macho y un tigre hembra), las especies híbridas a menudo son estériles o se reproducen con dificultad, y eso no resultó ser el caso con estos nuevos polluelos. Así que, con estas crías, nació un nuevo linaje: las aves tenían una canción diferente de G. fortis, así como diferentes tamaños y formas de pico, y esto es lo que los pinzones usan para atraer a sus parejas. Reproductivamente, la nueva especie estaba completamente aislada, y tuvo que aparearse dentro de su propia familia para sobrevivir.

La supervivencia fue difícil: durante las sequías en la isla en 2002-2003, cuando el nuevo linaje estaba en su cuarta generación, murieron todas menos dos, que acabaron uniéndose. "Cuando volvieron las lluvias, el hermano y la hermana se aparearon y produjeron 26 crías", dijo Rosemary Grant en una entrevista el año pasado. "Todos menos nueve sobrevivieron para reproducirse -un hijo criado con su madre, una hija con su padre y el resto de los descendientes entre sí- produciendo un linaje terriblemente endogámico".

Debido a que los pinzones híbridos eran más grandes que las poblaciones nativas, pudieron acceder a opciones de alimentos. En la visita más reciente de Grants a la isla en 2012, contaron 23 individuos y 8 parejas reproductoras de las aves. Este éxito significa, anotaron los investigadores, que la hibridación pudo haber ocurrido muchas veces en los pinzones de Darwin en el pasado, lo que resultó en nuevas especies que se extinguieron o evolucionaron para convertirse en las especies que conocemos hoy en día.

En octubre, sabñiamos de una recientemente identificada especie de depredador prehistórico marino, que arroja nuevas luces sobre los orígenes de los lejanos parientes ancestrales de los cocodrilos modernos. El nuevo descubrimiento desvela que un grupo reptiles acuáticos ya extinto evolucionó millones de años antes de lo que hasta el día de hoy se creía. El estudio fue publicado en el Journal of Systematic Palaeontology. El temible animal, de tres metros de longitud, moraba en los mares cálidos y poco profundos que cubrían la mayor parte de lo que hoy es Europa. Con sus poderosas mandíbulas y dientes como sierras, se alimentaban de presas grandes como calamares prehistóricos. 

Beatriz de Vera
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