Gases que indican presencia de vida serían más difíciles de detectar en exoplanetas

Representación artística del exoplaneta TRAPPIST-1d, acaso una de las posibles Tierra 2 más cercanas a nuestro planeta (NASA).

Encontrar rastros de vida en exoplanetas será más difícil de lo que se pensaba: un modelo computarizado ha mostrado que el movimiento de las corrientes de aire en las atmósferas de aquellos puede enmascarar los biomarcadores –sustancias que indican la presencia de organismos vivos— a los ojos de los telescopios, de acuerdo con las Noticias Mensuales de la Real Sociedad Astronómica.

Los astrónomos buscan signos de vida en exoplanetas distantes explorando la composición química de sus atmósferas. Algunos compuestos, por ejemplo el metano o el oxígeno, se forman como resultado de la actividad vital de los organismos. La presencia de estos biomarcadores en los depósitos de gas de los planetas o sus satélites puede significar que bacterias o plantas que se asemejan a las que encontramos en la Tierra viven en el cuerpo celeste.

El ozono también es uno de los biomarcadores buscados. En nuestra atmósfera, este gas forma una capa que nos protege de la radiación ultravioleta dura procedente del Sol. En otros planetas, el ozono, de acuerdo con los científicos, puede ser un signo de la existencia de la vida, ya que nace por la acción de la radiación estelar sobre el oxígeno (O2), principalmente producido por las plantas.

Sin embargo, incluso si los biomarcadores están presentes en las atmósferas de los planetas, estos pueden estar más ocultos de lo que se pensaba anteriormente. Un equipo de científicos dirigido por Ludmila Carone del Instituto Max Planck de Astronomía descubrió que el ozono puede concentrarse en el ecuador, en lugar de cerca de los polos, como en la Tierra.

Los astrónomos han considerado varios planetas potencialmente adecuados para la vida: Proxima b, que gira alrededor de la estrella más cercana al Sol, Centauri Proxima, y ​​TRAPPIST-1d, el planeta más "prometedor" del sistema TRAPPIST-1. Ambos cuerpos celestes giran muy cerca de sus estrellas madre, lo que provoca que siempre estén mirando hacia a un lado de la estrella, como la Luna a la Tierra. Carone y su equipo simularon el movimiento atmosférico en dichos planetas, y concluyeron que la existencia de un límite estable de día y de noche debería tener un efecto significativo sobre el movimiento de los gases y la distribución del ozono en la atmósfera superior.

La simulación mostró que en Proxima b y TRAPPIST-1d, el movimiento de las masas de aire puede ser determinado por una onda de Rossby en pie, que es una "curva" gigante de corrientes en chorro de gran altitud. Así, la onda se formará en el área de los trópicos y se extenderá a la misma estratosfera. Esto conducirá a una fuerte concentración de masas de aire, y ozono en particular, cerca del ecuador, un fenómeno que los científicos llaman el efecto anti-Brewer-Dobson. Según el modelo propuesto por los científicos, que explica por qué hay menos ozono en los trópicos, en el hemisferio "invernal" de la Tierra hay flujos lentos que redistribuyen el aire de los trópicos a otras zonas climáticas. En el caso de exoplanetas capturados por mareas, se observará la imagen opuesta.

El movimiento de masas de aire en planetas con un período de rotación de más de 25 días (Departamento de gráficos L. Carone / MPIA).   

"La ausencia de ozono en futuras observaciones no debería significar que no hay del todo oxígeno en un planeta. Simplemente se puede concentrar en otros lugares, no como en la Tierra, o puede estar bien escondido", comenta Carone. La conclusión es válida para planetas cuyo período de rotación es inferior a 25 días. En otros casos, el movimiento de las masas de aire en la atmósfera debería ser más parecido al de la Tierra.

Kristina Ulasovich

Si te gustó esta noticia, entérate de más a través de nuestros canales de Facebook y Twitter.

Suscríbete

Déjanos tu mail para recibir nuestro boletín de noticias

La confirmación ha sido enviada a tu correo.